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Especializado en thrillers barriobajeros que imprimen humanidad a carismáticos delincuentes (como en “Bronson”, 2008), el director danés Nicolas Winding Refn (rompetaquillas en su país gracias a la trilogía “Pusher”, 1996-2005) se trasladó a EE.UU. para rodar este estilizado, pero brutal y oscuro, drama criminal que evoca el cine negro de serie B (su sencilla historia de antihéroe en busca de redención), los films de conductores al margen de la ley de los 70 (como “Driver” de Walter Hill, 1978), la estética ochentera (con neones y coloridas chupas de cuero) y la violencia del cine de acción moderno (inolvidable la escena del martillo). Winding Refn se mira en los en los estilizados thrillers de los 80, pero lleva más allá la propuesta estética y conceptual convirtiendo el film en un festival posmoderno de influencias y referencias (de Michael Mann a John Hughes pasando por John Carpenter o Kenneth Anger).

Driver (Ryan Gosling) es un experto conductor que trabaja en un taller, además de dedicarse a hacer de especialista automovilístico en películas. Pero también conduce en atracos, siempre bajo un estricto código: nunca da su nombre, ni trabaja dos veces para el mismo.

Tachada de vacía y excesivamente esteticista, lo cierto es que “Drive” es una buena recreación posmoderna del clásico tipo duro con corazón que no puede ver como los débiles sufren; un amargo, lírico y sangriento homenaje a la cinefília de Winding Refn que defraudará a los seguidores de la acción convencional pero hará las delicias de los amantes del cine de género de autor. Puro cine de arte y ensayo a partir de la cultura popular, contemplativo (pero con arrebatos de violencia), pocos diálogos, mucho subtexto, un atractivo reparto (Carey Mulligan, Bryan Cranston, Oscar Isaac, Ron Perlman, Russ Tamblyn, Albert Brooks o Christina Hendricks) y una banda sonora a base de atractivos sintetizadores retro del compositor Cliff Martínez (y algunos himnos independientes de las pistas de baile). El film está dedicado a Alejandro Jodorowsky, cuyo existencialismo psicomágico sobrevuela el argumento.

 

– Para coleccionistas de atractivos delincuentes con corazón de oro.

– Imprescindible para comprender el concepto ‘ejercicio de estilo’, de ‘cine posmoderno’ y de otros muchos términos.

 

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