CINEBLOG.NET

 

A pesar de lograr la Palma de Oro en Cannes y decenas de premios por todo el mundo, el quinto largometraje de Terrence Malick (“Malas Tierras”, 1973, “Días del cielo”, 1978, o “La delgada línea roja”, 1998) en casi 40 años se convirtió en uno de los más polémicos del siglo XXI. Y es que hordas de jovencitas y demás ganado asistían a los cines atraídos por el protagonismo de Brad Pitt y se encontraban ante una grave, contemplativa, profunda y ambiciosa reflexión sobre el universo (la primera parte, que deambula por el espacio durante el origen del universo y nos muestra una Tierra en la que se abrirá camino la vida, ya desconcertaba a la mayoría) y la posición del ser humano en el. El resultado fue que encontrábamos a gente que nunca jamás se había acercado al cine de autor decidiendo si la película era buena o no.

El argumento de “El Árbol de la Vida” parece concretarse en la historia de una familia tejana en los años 50. A través del hijo mayor (Hunter McCracken; también Sean Penn en una serie de melancólicas secuencias en el futuro) conocemos los caracteres opuestos del padre (Brad Pitt), estricto pero sensible, y de la madre (Jessica Chastain), más permisiva y bondadosa.

Drama familiar con perspectiva cósmica que aborda temas como la paternidad, la pérdida de la inocencia, el paso a la edad adulta, la verdad o la fe por medio de un lenguaje narrativo poético y complejo (con flashforwards y una estructura deslavazada y episódica). Alejándose de los cánones hollywoodienses, Malick usa el cine como medio para explorar filosóficamente la existencia, las creencias (sus detractores la consideraron excesivamente religiosa) y el mundo; entroncando directamente con films como “2001: una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968), al que arrebata el honor de contener la elípsis temporal más larga de la historia del cine. Pero además de su complejo discurso conceptual, “El árbol de la vida” es una flamante catálogo de poderosas y bellas imágenes (impresionante fotografía de Emmanuel Lubezki), elegantes movimientos de cámara y encuadres llenos de intención; un contundente ejercicio visual perfectamente adaptado a los temas que trata.

 

– Para amantes del cine de autor como soporte ensayístico y filosófico.

– Imprescindible para entender porqué Malick es tan poco prolífico.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies