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La que probablemente sea la mejor versión de la celebérrima obra de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” (1886) fue una de las primeras películas del artesano Rouben Mamoulian; y la primera demostración de su buen oficio para dignificar los géneros populares (el musical en “Ámame esta noche”, 1932, el biopic histórico en “La reina Cristina de Suecia”, 1933, o las aventuras de capa y espada en “El signo del Zorro”, 1940). “El hombre y el monstruo” es entretenido cine de terror decimonónico (aunque la premisa es de ciencia-ficción), con una buen trabajo de decorados y vestuario, un estupendo trabajo de efectos especiales y maquillaje (la transformación de Jekyll en Hyde dejó boquiabiertos a los espectadores de la época) que marcó la posterior visión del ‘monstruo’, una magnífica fotografía del legendario Karl Struss (oscarizado por “Amanecer”, 1927, de F.W. Murnau) y cierto interés por explorar las posibilidades visuales y narrativas del medio cinematográfico.

Henry Jekyll (Fredrich March) es un científico londinense que trata de demostrar sus teorías sobre la mente humana. Jekyll piensa que estamos formados por dos personalidades en lucha (una racional y otra impulsiva) y ha sintetizado una fórmula que las separará.

Estrenada antes de la implantación del Código Hays, “El hombre y el monstruo” carga las tintas de erotismo y violencia, imprimiendo al film un tono enfermizo que provocó que fuese recortada en estrenos posteriores. Además Mamoulian y su pareja de competentes guionistas saben extraer de la novela de Stevenson su esencia más visual y psicológica; desarrollando hábilmente una atmósfera inquietante en torno al Londres victoriano y un perturbador discurso sobre la dualidad de la condición humana, el lado oscuro (y reprimido) que todos llevamos dentro. Fredrich March logró su primer Oscar (con “Los mejores años de nuestra vida”, 1946, de William Wyler, se convertiría en el segundo actor en lograr dos Oscars, tras Spencer Tracy); y hoy día sigue siendo el único actor en lograr el galardón por una película de cine fantástico.

 

– Para amantes de las alegorías siniestras de la condición humana.

– Imprescindible para coleccionistas de iconos del terror clásico.

 

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