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La Disney eligió a Randal Kleiser, director de inofensivos pero resultones ejercicios de género de gran éxito (“Grease”, 1978, o “El lago azul”, 1980), para encargarse de este film de culto que, a diferencia de otros productos similares de la época, se ha quedado marcado en la memoria de toda una generación de cinéfilos, revalorizándose con el tiempo. Así, intentando imitar el éxito de películas como “E.T. El Extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982), “Exploradores” (Joe Dante, 1985) o “Los Goonies” (Richard Donner, 1985), la Disney creó un carismático batiburrillo de extraterrestres, viajes en el tiempo, vistosas teorías científicas, ciencia-ficción, aventuras juveniles y drama familiar que no consiguió convertirse en el taquillazo que esperaban. A pesar de lo cual “El vuelo del navegante” es una entretenida oda a la capacidad de asombro, al niño que todos llevamos dentro.

David Freeman (Joey Cramer) es un niño de 12 años que un día tiene un accidente en el bosque y despierta 8 años después, como si fuese el mismo día. Mientras tanto, la NASA investiga una nave alienígena que se ha estrellado contra un tendido eléctrico.

El film se divide en dos partes bastante diferenciadas: en la primera asistimos a una suerte de tragedia sobrenatural que rompe la cotidianidad de una familia media americana; y en la segunda es donde se desarrolla la auténtica aventura de ciencia-ficción, dejando de lado la seriedad del comienzo. Y es que “El vuelo del navegante” hacía realidad muchas de las fantasías infantiles-juveniles de los años 80: desde el contacto con alienígenas a volar pilotando tu propia nave, desde viajar al futuro a desafiar con éxito las normas de los adultos. Gracias a unos pioneros efectos especiales en 3D (con los que se creó la estilizada nave de exterior cromado), muchas caras conocidas (Veronica Cartwright, Cliff De Young o Sarah Jessica Parker), la voz de Paul Reubens, muchos guiños cinéfilos y una encantadora trama tan ingenua como entretenida, convirtieron “El vuelo del navegante” en un clásico menor del cine para toda la familia de los 80.

 

– Para nostálgicos de la ciencia-ficción juvenil de los años 80.

– Imprescindible para estudiosos de los efectos especiales digitales.

 

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