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Con solo cuatro largometrajes en tres décadas (además de cuatro cortos y dos films colectivos) el cineasta francés Leos Carax ya se había forjado una carrera como director maldito, debido a sus temáticas marginales, su torturada poesía visual y sus maneras excéntricas y experimentales (“Mala sangre”, 1986, o “Los amantes del Pont Neuf”, 1991). Con “Holy Motors”, Carax se aleja de las atípicas y retorcidas historias de amor de sus trabajos anteriores para sumergirse de lleno en un antinarrativo y ambiguo festival visual y conceptual alrededor de las distintas formas en las que el cine tiene de comunicarse y de contar historias. Tal vez la ambición del autor supere los resultados, pero aún así “Holy Motors” es un asilvestrado catálogo casi inagotable de recursos, temas, imágenes, tramas y juegos metalingüísticos y referencias que se mueve entre lo ridículo y lo trascendental gracias a la insobornable concepción del cine de un autor que siempre ha ido a contracorriente.

El film sigue el periplo interpretativo-existencial de Oscar (Denis Lavant, actor fetiche de Carax), un misterioso personaje que, transportado en una limusina en la que tiene distintos disfraces y maquillaje, ha de asistir a nueve puntos de la ciudad y adoptar diferentes roles.

Con una caótica trama entre el surrealismo y la parábola futurista, “Holy Motors” es, a pesar de que hay quien la ha calificado de ‘tomadura de pelo’, uno de esos films arriesgados y originales que no se deja llevar por modas y mayorías; un estimulante e incomprensible ejercicio de estilo recorrido por una libertad creativa exultante que homenajea el trabajo de actor y al cine clásico. Leos Carax no solo no quiere ser complaciente, en ocasiones incluso opta por desconcertar, incomodar y provocar al espectador; nos habla de las posibilidades del cine, mostrando su amor por los géneros y oficios cinematográficos desde un punto de vista tan perverso y retorcido como personal (como en sus otros films, el nombre de su protagonista es un anagrama de su nombre artístico: Alex & Oscar = Leos & Carax).

 

– Para amantes de los experimentos más barrocos y bizarros.

– Imprescindible para entender porqué se dice que el cine francés se ‘mira mucho el ombligo’.

 

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