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Mítico realizador de la vieja escuela, John Huston (“El halcón maltés”, 1941, “El tesoro de Sierra Madre”, 1948, o “La reina de África”, 1951) llevaba intentando llevar “Moby Dick” al cine desde hacía muchos años; y cuando lo hizo fue por todo lo alto. La participación de la Warner Bros. elevó el presupuesto a 5 millones de dólares y el guión corrió a cargo de nada menos que Ray Bradbury, uno de los autores de ciencia-ficción más prestigiosos de la historia. Pero como suele pasar se intenta adaptar obras maestras de la literatura, “Moby Dick” resultó un tanto fallida; no obstante contenía la suficiente cantidad de virtudes para convertirla en la mejor adaptación de la obra de Herman Melville, además de en un clásico hollywoodiense del cine de aventuras con trasfondo.

A través de la historia del joven marinero Ishmael (Richard Basehart), conocemos al misterioso y atormentado capitán Ahab (Gregory Peck), obsesionado con dar caza a una enorme ballena blanca que lo dejó sin pierna.

John Huston imprime a esta historia de venganza irracional un fatalismo casi místico; haciendo que la inútil lucha del hombre contra la naturaleza y la obsesión enfermiza vertebren esta alegoría de la búsqueda del sentido de la vida; desarrollando un a ratos inspirado discurso filosófico sobre la fútil tendencia humana a la divinidad, a la perfección. A pesar de no profundizar en las costumbres y el contexto del oficio de ballenero (como en la novela de Melville), si que cuenta con una excelente ambientación; además de un buen despliegue de efectos especiales (inolvidable la secuencia final), la siempre intensa puesta en escena de John Huston, el ingenioso uso del Technicolor por parte de Oswald Morris (imprimiendo al film un tono avejentado que contrastaba con las luminosas y coloridas producciones de los 50), el icónico cameo de un Orson Welles (que usó su salario para llevar a los escenarios su propio montaje de “Moby Dick”) o un no excesivamente adecuado, pero esforzado, Gregory Peck que se alejaba de los papeles que habían caracterizado su carrera.

 

– Para amantes de las grandes aventuras marítimas (mayormente rodada en gran Canaria).

– Imprescindible para acercarse a los intereses cinematográficos y temáticos del gran John Huston.

 

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