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La grandiosidad de las cataratas del Niágara (lugar icónico de los viajes de novios) sirve de metafórico escenario para esta historia de traición y deseo que nos regala una de las más sensuales caracterizaciones de la mítica Marilyn Monroe (en su primer gran papel protagonista, el que la convirtió en gran estrella); donde se alejaba de su papel habitual de rubia tonta. “Niágara” es un excelente melodrama criminal que explora grandes temas del cine negro y sus elementos (la femme fatale o el sexo como herramienta de descomposición moral); y que en contraste con la estética de claroscuros en blanco y negro de los clásico del género, fue uno de los últimos films en usar, ingeniosamente, los tonos saturados del Technicolor (formato que prácticamente cayó en el olvido con la llegada del CinemaScope en 1953).

Ray (Max Showalter) y Polly (Jean Peters) Cutler son unos recien casados que llegan a las cataratas del Niágara para pasar la luna de miel. Allí conocerán a George (Joseph Cotten) y Rose (Marilyn Monroe) Loomis, una pareja que parece esconder un secreto.

“Niágara” también es una nueva prueba de la maestría incombustible y todoterreno de los artesanos del Hollywood clásico; con un legendario Henry Hathaway (“Tres lanceros bengalíes”, 1935, “El beso de la muerte”, 1947, o “Valor de ley”, 1969) imprimiendo fuerza e ingenio a la narración y la puesta en escena. Un lugar tan representativo para un pilar básico de la sociedad estadounidense (el matrimonio), pasado por el filtro de su tensa atmósfera, da lugar a un estudio de la lujuria, el morbo y la decadencia materializado en la mirada, las curvas y el magnetismo de Marilyn, excelentemente secundado por unos estupendos Joseph Cotten y Jean Peters (ensombrecidos por esta a pesar de su superior calidad interpretativa). Escrito a seis manos por profesionales oscarizados como Walter Reisch, Richard L. Breen y Charles Brackett (trío que logró el Oscar aquel mismo año por “El hundimiento del Titanic”, 1953, de Jean Negulesco); el guión utiliza las dicotomías para vertebrar su argumento de thriller conyugal.

 

– Para acercarse a ese mito del cine conocido como Marilyn Monroe.

– Imprescindible para interesados en el cine negro diferente.

 

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