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La última película de Disney distribuida por la RKO (a partir de entonces comenzaron a hacerlo ellos mismos con Buena Vista) es una estupenda historia de aventuras para toda la familia repleta de acción, comedia, magia, piratas, sirenas y un enorme cocodrilo; pero también es una de las más entrañables reflexiones jamás rodadas sobre la dificultad de madurar, crecer y convertirse en adulto (o en su dolorosa antesala: un adolescente). Su diseño de personajes, su esmerada animación, sus magníficos fondos, su deslumbrante colorido y una trama construida a base de miedo, celos, venganza y amistad, son ya iconos cinematográficos. Una mirada, apta para todos los públicos, al niño que siempre llevaremos dentro, al eterno retorno nietzscheano.

En el Londres de principios del siglo XX, la joven Wendy cuenta a sus hermanos la historia de Peter Pan, un niño que vuela junto a su hada Campanilla y lucha contra piratas. Pero Peter es más que un cuento y esa misma noche lo descubrirán.

Como sucede con otros títulos de la casa, “Peter Pan” (el largometraje animado Disney número 14) marcó la imagen que se tiene en la cultura popular de los personajes creados por James M. Barrie. Puede que muchas de las virtudes de “Peter Pan” ya se encontrasen en la obra original de James M. Barrie, pero el film es el responsable principal de haber extendido su fama hasta la categoría de icono popular. Y es que esta fantasía en torno a la suspensión del paso del tiempo tiene a uno de los villanos más carismáticos de la historia; contiene clásicos musicales Disney como ‘Never Smile at a Crocodile’, ‘The Second Star to the Right’ o la polémica ‘What Made the Red Man Red?’ (por su estereotipada visión de los nativos americanos); además de que fue la última vez que los nueve míticos animadores conocidos como ‘Disney’s Nine Old Men’ trabajaron juntos (Wolfgang Reitherman, Ward Kimball, John Lounsbery, Les Clark o Frank Thomas), tras definir los principios de la animación en obras maestras como “Blancanieves y los siete enanitos” (1937) o “Fantasía” (1940) o “Alicia en el País de las Maravillas” (1951). Un ejemplo claro de esas películas que vistas de adultos adquieren una serie de nuevas lecturas, y lo graban más en nuestra memoria cinéfila.

 

– Para amantes de las fantasías animadas para todos los públicos.

– Imprescindible para ilustrar el ‘síndrome de Peter Pan’.

 

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