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Conocido en su Francia natal por sus exitosas comedias de espionaje protagonizadas por un agente OSS 117, interpretado por Jean Dujardin; Michel Hazanavicius (“OSS 117: El Cairo, nido de espías”, 2006, o “Mal genio”, 2017) conquistó medio mundo (y tres de los cuatro Oscars principales) con este nostálgico ejercicio de estilo que tiene en los códigos del cine mudo su razón de ser. Como director, guionista y productor (no acreditado), Hazanovicius logra un encantador homenaje al cine silente, a sus creadores y a sus géneros (el film tiene forma de comedia melodramática, pero podemos apreciar guiños al cine expresionista o incluso a los primeros musicales) que se presenta como una revisitación postmoderna por sus múltiples referencias cinéfilas y su condición de collage de diversas situaciones y personajes presentes ya en el cine de aquellos años. Si ya has devorado todas las grandes películas del cine mudo es una impagable experiencia encontrarse con una joya, imperfecta pero entrañable, como “The Artist”.

En los últimos años del cine mudo, George Valentin (Jean Dujardin, que ganó el Oscar y el premio al mejor actor en Cannes) es una de las más queridas estrellas de Hollywood. Pero la llegada del cine sonoro lo sumerge en el olvido, mientras que la joven Peppy Miller (Bérénice Bejo), a la que lanzó a la fama, consigue hacerse un hueco en el cine sonoro.

Solo por su festival de referencias metacinematográficas, su catálogo de recursos del cine de otra época y el excelente cast de secundarios (John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller, Ed Lauter, Malcolm McDowell, …) ya valdría la pena asomarse a “The Artist”; pero es que además es un entretenimiento de primera que reflexiona sobre la historia del cine y como los avances tecnológicos a veces eclipsan al arte. Y es que aunque demasiado complaciente con la comercialidad para algunos (tal vez por convertirse en un inmenso éxito siendo en blanco y negro y muda), “The Artist” establece conexiones entre el cine de los pioneros y el contemporáneo; en una suerte de lúdico estudio genealógico, centrándose en un momento decisivo de la historia del cine que supuso innovación y olvido a partes iguales.

 

– Para los que ya hayan visto todas las películas buenas del cine mudo.

– Imprescindible para perder el miedo a un época plagada de excelentes films.

 

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