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Escrita por el prestigioso poeta y guionista Jacques Prévert (sobre la novela de Pierre Dumarchais), “El muelle de las brumas” es una de las cimas del realismo poético francés (vanguardia cinematográfica influenciada por el expresionismo alemán y la literatura naturalista) que nos dio obras maestras como “L’Atalante” (Jean Vigo, 1934), “La gran ilusión” (Jean Renoir, 1937) o “Los niños del paraíso” (Marcel Carné, 1945). Auténtica pionera del ‘cine negro’ que se anticipó a films americanos como “El halcón maltés” (John Huston, 1941), con sus giros argumentales, su trágico perdedor desencantado y su juego de claroscuros (estéticos y psicológicos); “El muelle de las brumas” es un thriller criminal impregnado del romanticismo fatalista del realismo poético; un sombrío y apasionado drama marcado por su etérea, inquietante y tenebrosa concepción visual, donde la noche y la niebla actúan de omnipresente telón de fondo.

Jean (Jean Gabin) es un soldado desertor que llega una noche nublada al puerto de Le Havre. Allí conocerá a la joven Nelly (Michèle Morgan), la cual ha huido de casa. Zabel (Michel Simon), el padrino de Nelly, intentará que esta vuelva a casa, aunque para ello tenga que entregar al soldado desertor a la justicia.

En una Europa abocada a una inminente Guerra Mundial, Carné y Prévert nos sumergen con una serie de metáforas visuales (su claustrofóbica atmósfera) y alegorías narrativas y argumentales en un discurso sobre la condición humana y sobre el destino de una sociedad turbia y hostil; utilizando las brumas del título para representar la ambigüedad de los personajes, sus dudas y las de toda Europa. Además Jean Gabin como inolvidable tipo duro, la belleza de la andróginamente caracterizada Michèle Morgan (secundados por otros mitos del cine francés como Michel Simon o Pierre Brasseur) y una serie de interesantes roles secundarios (que dan más profundidad tanto a la trama como al subtexto temático de esta sórdida e idealizada mirada al submundo criminal portuario ) impulsan los ingeniosos, agudos y emocionantes diálogos de Prévert.

 

– Para amantes del cine pesimista y oscuro.

– Imprescindible para interesados en la historia del cine negro.

 

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