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Con las maneras estéticas de la época dorada del western (los 35 mm del VistaVision o los saturados tonos del Technicolor), el especialista en el género John Sturges (“Duelo de titanes”, 1957, o “Los siete magníficos”, 1960) se despidió de los años 50 con este eslabón entre el cine del oeste clásico y las tendencias más progresistas que surgieron en los 60. Y es que “El último tren de Gun Hill” tiene todas las virtudes que hicieron popular al género hollywoodiense por excelencia (acción, venganza, un héroe contra todo un pueblo, justicia, saloons, sheriffs, grandes paisajes, caballos, caciques y colts), pero también da muestras de la profundidad y la complejidad que caracterizaron el cine de Sam Peckinpah, Sergio Leone o Clint Eastwood. Un film violento y oscuro cuya trama sirve para plantear dilemas morales (ambos protagonistas tendrán que elegir entre la familia o la ley, entre el instinto y la razón), acercarse a la realidad social de la época (al problema de la delincuencia juvenil) y confeccionar unos potentes retratos psicológicos sostenidos en dos mitos de la interpretación como son Kirk Douglas y Anthony Quinn.

Matt Morgan (Kirk Douglas), es un sheriff que sigue a los violadores y asesinos de su mujer hasta un pueblo controlado por el rico ganadero Craig Belden (Anthony Quinn), un viejo amigo al que ahora separan muchas cosas.

La puesta en escena de Sturges, igualmente brillante en las escenas de acción, de tensión o en su utilización de la sugerencia y lo implícito; la banda sonora de Dimitri Tiomkin, multioscarizado compositor (logró dos estatuillas por “Solo ante el peligro”, 1952, de Fred Zinnemann) sin el cual no se puede entender la historia del western y que acentuó el tono agresivo y turbio del film; o el inteligente uso de la luz, el color y la oscuridad de Charles Lang; lo convierten en un film imprescindible. Fue el único western que escribió el prestigioso guionista James Poe (“La gata sobre el tejado de zinc”, 1958, de Richard Brooks, o “Danzad, danzad, malditos”, 1969, de Sydney Pollack) que introduce temas raciales y de clase en la trama.

 

– Para amantes del mejor western clásico.

– Imprescindible para entender la evolución del cine del oeste.

 

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