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Aunque ya casi emancipado del terror y la ciencia-ficción que lo habían acompañado en su inquietante discurso cinematográfico sobre la ‘Nueva Carne’ (“Videodrome”, 1983, o “La mosca”, 1986), el a menudo incómodo realizador canadiense David Cronenberg seguía interesado en la enfermedad, la obsesión y la sexualidad como catalizadores de la evolución humana. Intenso drama con aires de thriller psicológico, “Crash” es una inquietante parábola del mundo moderno, donde el morbo y la búsqueda de emociones que nos hagan sentir vivos dan lugar a las más retorcidas parafílias. Con un entorno encementado aséptico e impersonal que contrasta con la imperfección y pasión de los llamados ‘desviados’; y vertebrada por la relación, y retroalimentación, entre la violencia y el sexo; “Crash” es tan provocativa como atrevida, una película de autor tan ajena al cine mayoritario que es imposible juzgarla con los mismos parámetros.

James Ballard (James Spader) es un productor cinematográfico que tiene un ‘matrimonio abierto’ con Catherine (Deborah Kara Unger). Una noche, James tiene un accidente de coche en el cual muere el marido de la doctora Helen Remington (Holly Hunter).

“Crash” es un quirúrgico estudio de las relaciones dicotímicas entre Eros-Thanatos, Vida-Muerte, que extiende los intereses habituales de Cronenberg hasta la alegoría social. Y es que al igual que había hecho con William S. Burroughs en la incomprendida “El almuerzo desnudo” (1991), Cronenberg asimila y hace suyo el perturbador, tirando a surrealista y alucinado, universo literario de J.G. Ballard (que publicó “Crash” en 1973). Brutal y excitante, “Crash” nos sumerge, apoyada en un excelente reparto, en un submundo donde las prótesis y las cicatrices funcionan como trofeos o sensuales souvenirs, donde los traumatismos físicos y las corruptas relaciones sentimentales parecen representar la degradación mental y moral. A pesar de lograr reconocimientos como el Premio Especial del Jurado en Cannes, crítica y público se dividieron radicalmente con respecto a la calidad del film; aunque esto no evitó que se convirtiese en una obra de culto instantánea.

 

– Para interesados en la más inquietantes parafilias sexuales.

– Imprescindible para conocer el perturbador universo cinematográfico de David Cronenberg.

 

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