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Tras obtener excelentes resultados en el thriller criminal (“Chantaje contra una mujer”, 1962) y el drama etílico (“Días de vino y rosas”, 1962), el realizador estadounidense Blake Edwards nos regaló en los 60 una serie de divertidísimas comedias que se cuentan por clásicos: “La pantera rosa” (1963), “El guateque” (1968) o “La carrera del siglo”, una comedia alocada con ambientación retro que se convirtió en el film de humor más caro de la historia. Inspirada en una competición automovilística celebrada en 1908 entre Nueva York y París, “La carrera del siglo” es el vehículo perfecto para desarrollar una serie de gags que van desde el homenaje al cine mudo (el film está dedicado a Laurel y Hardy) hasta la parodia genérica (por ejemplo a “La vuelta al mundo en 80 días”, 1956), de la comedia de enredo (con sus habituales equívocos y giros) al humor absurdo (como los descabellados inventos del villano).

Siete coches parten desde Nueva York para participar en una carrera que atravesará tres continentes y terminará en París. Entre estos está el Gran Leslie (Tony Curtis), un galán elegante y atractivo; pero también su rival, el profesor Fate (Jack Lemmon), al que no le gusta jugar limpio.

A pesar de su elevado presupuesto, unas estrellas de primera, un director hasta entonces infalible y una serie de personajes tan entrañables como estereotípicos (casi grotescos) a bordo de unos elaborados coches tuneados de principios de siglo, y protagonizando situaciones que hacen un recorrido por algunos de los recursos humorísticos clásicos (como la inolvidable guerra de tartas); “La carrera del siglo” fue un fracaso de taquilla; tal vez por unas maneras anticuadas que no encajaban en los nuevos aires de los años 60. No obstante, el film es un más que entretenido espectáculo cinematográfico, técnicamente excelente (logró el Oscar por los efectos de sonido), con una banda sonora memorable (del colabolador habitual de Edwards, Henry Mancini) y una estética muy conseguida. Además fue una inspiración más que obvia en la serie de Hanna-Barbera “Los autos locos” (1968-70).

 

– Para amantes de la mejor comedia clásica.

– Imprescindible para interesados en la historia de los subgéneros cinematográficos.

 

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