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Desde que el acrobático Douglas Fairbanks diera vida al famoso héroe mexicano (nacido un año antes en una revista semanal) en “La marca del Zorro” (Fred Niblo, 1920), nadie había logrado alcanzar las cotas de carisma y sentido de la aventura que Tyrone Power imprime al personaje en este clásico inmortal del cine de capa y espada. “El signo del zorro” convirtió a Tyrone Power en uno de los iconos del género, dejando de lado las piruetas imposibles de Fairbanks para centrarse en su lado pasional (y en el romance con la joven Lolita); pero sin olvidar sus imprescindibles duelos, persecuciones y demás escenas de acción. Artesano todoterreno del Hollywood clásico, Rouben Mamoulian (“El hombre y el monstruo”, 1931, “La reina Cristina de Suecia”, 1933, o “Sangre y arena”, 1941) imprime al film un ritmo trepidante, donde no hay lugar para el drama, solo entretenimiento puro a base de aventuras aderezadas con humor y amor.

Tras pasar unos años de formación en Madrid, Don Diego Vega (Tyrone Power) regresa a California, donde el corrupto Luis Quintero (J. Edward Bromberg) ha arrebatado la alcaldía a su padre. Utilizando lo aprendido en Madrid, Diego se disfrazará para luchar contra Quintero.

Una estupenda ambientación que irónicamente evoca la ciudad de Los Angeles a principios del siglo XIX, excelentes secundarios (con un villano memorable), una alegre banda sonora (en torno al folclore español) del ganador de 9 Oscars Alfred Newman y muchas más cosas elevan la categoría de la que es probablemente la mejor película del Zorro; figura inspirada en otros defensores de los débiles que luchan espada en mano contra las injusticias sociales (a menudo personificadas en líderes despóticos y crueles), trasladando las premisas temáticas y argumentales de Robin Hood al western mexicano. Considerado uno de los primeros héroes modernos (influencia clara en el Llanero Solitario o el Coyote, pero también en superhéroes como Batman), el Zorro esconde su verdadera personalidad; lo que en “El signo del Zorro” da lugar a situaciones cómicas, pero también ayuda a perfilar al personaje.

 

– Para dejarse llevar por el entrañable sentido del espectáculo del Hollywood clásico.

– Imprescindible para amantes del mejor cine de capa y espada.

 

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