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Aunque fueron “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1988) y “¡Átame!” (1989) las que dieron a Pedro Almodóvar el reconocimiento internacional como auténtico autor cinematográfico, con su propio universo visual y temático, “La ley del deseo” fue su primera gran obra (premiada en el festival de Berlín). En “La ley del deseo” ya encontramos todas las constantes e intereses del director manchego: gusto por el thriller con reminiscencias ‘hitchcockianas’, desprejuiciada exploración de la sexualidad, elementos autobiográficos, eclépticas elecciones musicales (de Stravinsky a Jacques Brel, pasando por los Panchos o el glam underground del propio Almodóvar y Fabio McNamara) y unas entregadas interpretaciones. La clásica estructura de ‘triángulo amoroso’ sirve a Almodóvar para hablarnos de las miserias y placeres de las relaciones sentimentales a través de conceptos como familia, deseo, pasión, celos, identidad sexual, …

Pablo (Eusebio Poncela) es un director de cine que aún está enamorado de Juan (Miguel Molina), su antigua pareja. Tina (Carmen Maura) es la hermana transexual de Pablo, una aspirante a actriz que esconde un oscuro secreto de su pasado.

“La ley del deseo” fue el primer film que Almodóvar hizo con su propia productora (El Deseo), con lo que el realizador manchego tuvo toda la libertad para desarrollar un estilo que dinamitaba, con frescura, ternura y originalidad, la moral tradicional superando para siempre la domada transgresión de la ‘movida madrileña’. Así, transgresor, profundo y muy entretenido, Almodóvar rompía tabúes con su primera película centrada en relaciones homosexuales (aunque dejando algo de lado la comicidad paródica de films como “Entre tinieblas”, 1983, o “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, 1984); extrayendo influencias de John Waters o Fassbinder, pero también del directores clásicos como Douglas Sirk. Y es que su enrevesada trama, entre el culebrón más delirante y el melodrama clásico, esconde un complejo y sensible estudio de la psicología de los personajes. “La mala educación” (2004) está considerada una especie de secuela.

 

– Para coleccionistas de triángulos amorosos cinematográficos.

– Imprescindible para entender el personalísimo estilo de Pedro Almodóvar.

 

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