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Antes de Tennessee Williams, “La loba” fue el más icónico melodrama sureño hollywoodiense, intenso y siniestro, emocionante y cruel. Y es que esta producción del célebre Samuel Goldwyn (“Los mejores años de nuestra vida”, 1946) es una de esas irrepetibles conjunciones de talentos que solo podían darse en Hollywood. Al frente estaba uno de los más galardonados realizadores de Hollywood: William Wyler (“Vacaciones en Roma”, 1953, o “Ben-Hur”, 1959); que pone su experiencia y talento al servicio de esta lúgubre, retorcida y malintencionada historia de codicia, relaciones familiares y falta de escrúpulos. La sólida (y original) puesta en escena de Wyler destaca más cuando tiene delante una fiel recreación, minuciosa ambientación y una serie de actores estupendos. Además tenemos un gran trabajo de iluminación en blanco y negro del prestigioso Gregg Toland (“Ciudadano Kane”, 1941) y la impecable banda sonora con aires sureños de Meredith Willson, con esa especie de himno religioso que es ‘Never too weary to pray’.

Ben (Charles Dingle) y Oscar (Carl Benton Reid) son dos hermanos que necesitan dinero para abrir una fábrica. Regina (Bette Davis), la hermana de estos está casada con un rico banquero (Herbert Marshall), al que intentará convencer de que invierta en sus hermanos.

A pesar de sus multitudes virtudes, si por algo es recordada la película es por la implacable interpretación de Bette Davis (tercera colaboración entre Davis y Wyler, tras “Jezabel”, 1938, y “La carta”, 1940), que compone uno de los personajes más brutales de la historia del cine. La dramaturga y guionista Lillian Hellman (“La jauría humana”, 1966, de Arthur Penn) adapta su propia obra de teatro; además de rodearse de prestigiosos amigos escritores para lograr un guión en el que todo encaja a la perfección. Pero ante todo “La loba” es una suerte de estudio psicológico en torno a la degradación moral de las clases acomodadas, que en el sur estaban personificados en los terratenientes y sus enormes mansiones neoclásicas. En 1948 se rodó una precuela: “Another Part of the Forest”.

 

– Para coleccionistas de los melodramas más enrevesados.

– Imprescindible para acercarse a una leyenda del cine como Bette Davis.

 

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