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Establecidos Jim Abrahams y los hermanos Zucker como reyes de la parodia más absurda, surrealista y delirante (gracias a “¡Aterriza como puedas!”, 1980, o “Top Secret”, 1984); Mel Brooks volvió para reclamar un trono que prácticamente había inventado (“El jovencito Frankenstein”, 1974, o “Sillas de montar calientes”, 1974) con esta tardía y exitosa ‘spoof movie’ de “La guerra de las galaxias” (1977). Con un competente despliegue técnico, algunos de los cómicos más queridos del momento (John Candy, Rick Moranis, …) y un humor entre lo chabacano y lo ingenioso (no todos los diálogos y situaciones están a la altura); Brooks da un repaso a la piedra angular de George Lucas y de paso a algunos otros hitos de la ciencia-ficción moderna (ese divertido cameo de John Hurt). Su humor facilón (juegos de palabras, escatología, comedia física y hasta un memorable gag metacinematográfico), sus divertidas caracterizaciones y su desvergonzada apropiación de elementos de ‘Star Wars’, sigue levantando pasiones y odios a partes iguales.

La princesa Vespa (Daphne Zuniga), del planeta Druidia, se escapa el día de su boda y cae en manos del malvado Casco Oscuro (Rick Moranis). Su padre contactará con el aventurero Lone Starr (Bill Pullman) para que la rescate.

Mel Brooks ya había demostrado su amor y conocimiento de géneros como el western, el cine de terror clásico, el cine mudo (“La última locura”, 1976) o el suspense hitchckiano (“Máxima ansiedad”, 1977); pero no sabía mucho de ‘space operas’ modernas y “La loca historia de las galaxias” no estuvo a la altura de sus otras obras en coherencia y consistencia argumental, cómica y narrativa. Aunque esto no evitó que el film se convirtiese en película de culto, en una de las comedias más famosas de los 80, calando en la cultura popular y en los recuerdos cinéfilos de toda una generación. Además, una entrañable banda sonora compuesta por John Morris como un pastiche de partituras de John Williams, acompañada de una canciones que van del Heavy Metal al Rhythm & Blues, denota lo extraño de la propuesta de Mel Brooks.

 

– Para amantes poco exigentes de la ciencia-ficción cómica.

– Imprescindible para un maratón de parodias de los 80.

 

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