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Entre “La vida de Brian” (1979) y “El sentido de la vida” (1983), el único componente estadounidense de los Monty Python dirigió esta original mezcla de aventuras, comedia, ciencia-ficción y fantasía. Terry Gilliam (“Doce monos”, 1995, o “Miedo y asco en Las Vegas”, 1998), que había debutado como realizador en el seno de los Python (“Los caballeros de la mesa cuadrada…”, 1975), se unió a su colega Michael Palin (co-guionista) para confeccionar este extravagante e ingenioso viaje temporal no exento de diversos comentarios en torno al capitalismo y la sociedad de consumo. “Los héroes del tiempo” es una carta de amor a la imaginación, la literatura, la magia y la capacidad de asombro (en contraposición del adocenamiento, alienación y hastío de la sociedad moderna) donde Gilliam dio rienda suelta a un personal estilo visual caracterizado por la sobrecarga, el reciclaje, la suciedad y los efectos especiales artesanales; creando un insólito universo estético en consonancia con sus fragmentadas referencias culturales.

Kevin (Craig Warnock) es un niño que un día descubre en su habitación una especie de portal temporal del que surgen seis enanos, los cuales han robado al creador del universo un importante mapa. Con este planean viajar por el tiempo robando a personajes como Napoleón o el Rey Agamenón.

Primera entrega de la ‘Trilogía de la imaginación’ (completada por “Brazil”, 1985, y “Las aventuras del barón Munchausen”, 1988), donde sus protagonistas han de luchar contra la incomprensión de los demás ante su negativa a coartar sus fantasías y su libertad; para la que Gilliam se rodeó de prestigiosos actores británicos (Sean Connery, Ian Holm, Jim Broadbent, David Warner, …) y de una gamberra banda de seis enanos (entre los que estaba Kenny Baker, inmortal R2-D2) que hacen inevitables las comparaciones con los seis miembros de los Monty Python. “Los héroes del tiempo” es un excepcional entretenimiento para toda la familia, irónico y sugerente, cargado de buenas ideas y soluciones osadas (visuales y conceptuales), educativo y crítico, desmitificador, pícaro e insolente.

 

– Para coleccionistas de las mejores películas de viajes en el tiempo.

– Imprescindible para entender el universo estético y conceptual del insobornable Terry Gilliam.

 

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