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Curtido dirigiendo sus propios videos musicales, el ex-vocalista de la banda de metal White Zombie aterrizó en el cine a principios del siglo XXI trasladando sus intereses (cine de serie B, cómics, terror, ciencia-ficción, …) al cine con macabra frescura. Tras “La casa de los 1000 cadáveres” (2003), que llevaba más allá el esquema argumental del Slasher de los 80; Rob Zombie refinó sus referencias en esta secuela acercándose a la violencia cruda y sucia de Wes Craven (“La última casa a la izquierda”, 1972) o Mario Bava (“Semáforo rojo”, 1974). Y es que este film de culto es generoso en humillaciones, sangre y crímenes, pero también presenta a unos personajes que se alejan de los estereotipos caricaturescos de la primera parte, adquiriendo una profundidad sórdida y una consistencia sociopática que los ha convertido en iconos del cine de terror.

Tras huir de la policía Otis (Bill Moseley) y Baby (Sheri Moon Zombie), contactan con su padre, el Capitán Spaulding (Sid Haid). Mientras la matriarca de la familia (Leslie Easterbrook) ha sido detenida por el sheriff John Quincey Wydell (William Forsythe), el cual busca venganza.

Mezcla de terror psicopático, brutal road movie y violento western crepuscular, con una banda sonora cargada de clásicos setenteros del rock sureño (Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd, …) y una cálida e intensa paleta de colores inspirada en el oscarizado documental “Harlan County, USA” (1976); “Los renegados del diablo” sirve para seguir el rastro de las influencias de Rob Zombie, con diálogos cargados de referencias a la cultura popular y homenajes que van desde la violencia estilizada de Arthur Penn (“Bonnie & Clyde”, 1967) o Sam Peckinpah (“Grupo salvaje”, 1969) hasta clásicos modernos del cine de terror como “La matanza de Texas” (Tobe Hooper, 1974) o “El resplandor” (Stanley Kubrick, 1980). Hasta ciertos sectores de la crítica no especializada destacó que más allá de la extrema crueldad, violencia y amoralidad, este entretenidísimo y excesivo espectáculo demostraba el conocimiento del género y la habilidad cinematográfica de Rob Zombie.

 

– Para los que sepan apreciar una buena masacre.

– Imprescindible para comprender el posmodernismo en el cine de género.

 

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