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La única vez que el mítico Marlon Brando se puso tras las cámaras, logró un atípico clásico del cine del oeste (en una época en la que el género comenzaba a perder popularidad) con traiciones, venganzas, arena, tiroteos, duelos y peleas; pero trascendiendo el western gracias su barroca realización y sus aspiraciones artísticas y conceptuales (del psicoanálisis a la política). “El rostro impenetrable” es un escabroso y atormentado western psicológico con una extravagante concepción visual (excelente la fotografía en color del veterano Charles Lang) y una intensa caracterización de los personajes (a veces incluso sobreactuados); que además funciona como punto de inflexión entre el western clásico y los nuevos caminos que el género tomó durante los años 60 gracias a autores como Sam Peckinpah o Sergio Leone.

Después de atracar un banco Rio (Marlon Brando) es traicionado por su supuesto amigo Dad Longworth (Karl Malden) y termina en la cárcel durante cinco años. Rio escapará de la prisión obsesionado con encontrar a Dad y llevar a cabo su venganza.

Con un accidentado rodaje que incluyó el despido de Stanley Kubrick como director y de Sam Peckinpah como guionista y un metraje excesivo (cerca de dos horas y media), “El rostro impenetrable” no gustó mucho a la crítica estadounidense, que la clasificó de egocéntrica y excesiva. Sin embargo, en Europa, más dados a los ejercicios autorales, fue aclamada (con la Concha de Oro en San Sebastián, por ejemplo) como uno de los westerns más originales del momento. “El rostro impenetrable” intenta alejarse de la estética tradicional del cine del oeste sustituyendo los clásicos paisajes desérticos de Monument Valley por playas iluminadas casi fantasmagóricamente. No gustará a los incondicionales más radicales de las aventuras de John Wayne en el western clásico, pero sorprenderá gratamente a los que busquen cine de autor entretenido y original, interpretaciones arrolladoras (impagable elenco de secundarios del género como Katy Jurado, Ben Johnson, Slim Pickens o Elisha Cook Jr.) y argumentos con trasfondo.

 

– Para los que confían en las posibilidades del western.

– Imprescindible para acercarse artística y psicológicamente a la mítica figura de Marlon Brando.

 

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