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Tras, por un lado, acercarse al mundo del crimen organizado en obras maestras como “Uno de los nuestros” (1990) o “Casino” (1995); y por otro, ser uno de los grandes valedores de Nueva York en el cine (“New York, New York”, 1977, o “Jo, qué noche”, 1985); Martin Scorsese profundizó más trasladándonos al siglo XIX para hablarnos de la configuración moderna (social, urbanística, psicológica y, claro, musical) de la Gran Manzana y su célebre submundo delictivo. A partir de un guión escrito por Jay Cocks (“Días extraños”, 1995), Steve Zaillian (“En busca de Bobby Fischer”, 1993) y Kenneth Lonergan (“Manchester frente al mar”, 2016); Scorsese teje un film que mezcla una precisa recreación histórica (inspirada visualmente por la obra fotográfica de Jacob Riis “Cómo vive la otra mitad”, 1890) con una historia de venganza épico-urbana en la que tiene cabida dramas familiares, romance, intriga, acción y paralelismos con la actualidad.

El film comienza en 1846, con una sangrienta guerra territorial entre neoyorquinos descendientes de británicos, liderados por Bill el Carnicero (Daniel Day-Lewis), e inmigrantes irlandeses, con el padre Vallon (Liam Neeson) a la cabeza. En 1862, Amsterdam (Leonardo DiCaprio), hijo de Vallon, llega a la ciudad.

La enormidad de la ambición de Scorsese en “Gangs of New York” lastra un poco el conjunto (demasiados temas, virguerías visuales, referencias, …), pero también es fácil dejarse llevar por sus viscerales interpretaciones, su magnífica puesta en escena o ese impresionante escenario que recreó la Nueva York del XIX en los estudios Cinecittà. Además tuvo un accidentado rodaje que alargó la producción durante tres años y elevó el presupuesto a más de cien millones de dólares. Los problemas entre Scorsese y Harvey Weinstein (quería una película más convencional, más vendible) también se notan en el resultado final. Supuso un paso adelante en la carrera de Leonardo DiCaprio, colaborando por primera vez con Scorsese (“Shutter Island”, 2010, “El lobo de Wall Street”, 2013), a pesar de vérselas con un impresionante Day-Lewis.

 

– Para interesados en la historia de las grandes urbes.

– Imprescindible para hacer genealogía de las bandas tipo “The Warriors”.

 

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