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Los hermanos Dave y Max Fleischer (“Popeye the Sailor meets Sindbad the Sailor”, 1935, “Minnie the Moocher”, 1933, o “Superman”, 1941) consiguieron mantenerse durante dos décadas en el mundo de la animación (gracias a personajes como Koko el Payaso, Popeye o Betty Boop), compitiendo con gigantes como la Warner Bros., Disney o MGM. Y tras más de 500 cortos, el éxito de “Blancanieves y los siete enanitos” (1937) propició que la Paramount los apoyase para rodar su primer largometraje. “Los viajes de Gulliver” adapta libremente parte de la novela de Jonathan Swift para confeccionar una entrañable comedia familiar de aventuras fantásticas en la que, siguiendo la estela Disney, no faltan números musicales (la canción ‘Faithful Forever’ fue nominada al Oscar); una obra maestra de la animación artesanal (en plena Edad de Oro del género) que merece ser recuperada.

Tras hundirse el barco en el que viaja, Gulliver (al principio Popeye iba a ser el protagonista) va a parar a la isla de Liliput y es apresado por sus diminutos pobladores. Gulliver ayudará a los liliputienses en sus relaciones con el reino vecino.

“Los viajes de Gulliver” es un film pionero, donde la innovación se ponía al servicio del cine comercial; un imaginativo clásico del entretenimiento que en la actualidad posiblemente tenga más interés para arqueólogos cinematográficos adultos que para niños acostumbrados a la frenética animación moderna. A pesar de la presión de la Paramount para que terminasen el trabajo en menos de 18 meses, el buen oficio de los Fleischer (y de su excelente plantel de artistas) se deja ver en una animación elegante y fluida; que juega con el contraste entre un Gulliver animado por rotoscopia (lo que le da un realismo muy acertado) y unos liliputienses más caricaturescos que nos trasladan a un mundo de cartoon. Tal vez los conocedores de la obra de Swift echen de menos más profundidad e ironía en su parábola política, pero en plena II Guerra Mundial su (infantil) discurso anti-belicista ya era suficientemente osado para una producción como esta.

 

– Para degustar por público de todas las edades.

– Imprescindible para interesados en la animación clásica.

 

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