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Con “Starship Troopers”, Paul Verhoeven (“El cuarto hombre”, 1983, “Desafío total”, 1990, o “El libro negro”, 2006) volvió a unirse al guionista de “RoboCop” (1987) para confeccionar una aguda sátira político-social-militarista a través de ciencia-ficción, violencia extrema y un estereotipado argumento que en manos del director holandés resulta provocador e irónico. Cuando Verhoeven se puso al frente del film poco le importaba ser fiel a la obra original de Robert A. Heinlein (ni siquiera leyó el libro entero). Inicialmente quería mostrar las peripecias de unos jovenes soldados nazis en la II Guerra Mundial y demostrar que al fin y al cabo no eran muy diferentes de los Aliados; sabiendo esto se entienden mucho mejor sus intenciones con respecto a “Starship Troopers”.

En el siglo XXIII, la gente solo puede obtener la categoría de ciudadano después de realizar un servicio militar obligatorio de dos años. El film se centra en la pareja compuesta por John Rico (Casper Van Dien) y Carmen (Denise Richards), dos de los más talentosos reclutas.

Verhoeven hace uso de la imaginería nazi (no solo visual) para describir a los héroes de este unificado mundo occidental, criticando con saña algunos de los cimientos sobre los que se sostiene el culto bélico estadounidense. Esto llevó a muchos espectadores (desconocedores de la obra de Verhoeven) a creer que no era más que violenta propaganda fascista (aunque el mensaje era que la guerra nos convierte en fascistas a todos). Además, la elección de unos guapos y pulcros protagonistas recién salidos de “Sensación de vivir”, asesta unos cuantos golpes más a la egocéntrica, artificial y manipulada cultura occidental. Pero no es simplemente una película de tesis, sino que todo su mensaje está incrustado en un hiperbólico relato bélico, con batallas contra enormes insectos extraterrestres, sexo y camaradería ‘hawksiana’. Una película que pueden disfrutar los amantes del cine de acción y ciencia-ficción, de la testosterona y las caras bonitas; además de una obra digna de estudio en la carrera de uno de los directores más arriesgados e insobornables del cine moderno.

 

– Para los que no la entendiesen en los 90.

– Imprescindible para coleccionistas de las mejores parábolas críticas de ciencia-ficción.

 

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