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Alejado formalmente de las obras maestras que lo convirtieron en uno de los mejores directores de la historia del cine español (“Bienvenido Mister Marshall”, 1953, o “El verdugo”, 1963), Luis García Berlanga tuvo que buscar amparo en Francia para rodar esta sórdida sátira social, travestida de comedia negrísima, que tiene en su peculiar visión del fetichismo y en su certera ironía sus mejores bazas. Influenciado estética y conceptualmente por la obra del polémico fotógrafo y pintor Pierre Molinier (entre el erotismo, la crítica social y el surrealismo), Berlanga trabajó con el implacable Rafael Azcona (“El cochecito”, 1960, o “Belle Epoque”, 1992), inseparables desde “Plácido” (1961), y con Jean-Claude Carrière (colaborador de Luis Buñuel en “Belle de jour”, 1967, o “El discreto encanto de la burguesía”, 1972), para confeccionar un guión que ahonda con mala leche en los modos en que los individuos (acomodados) de la sociedad moderna afrontan la profunda soledad y la falta de sentido (o como utilizan estas para protegerse de su vida en sociedad).

Michel (Michel Piccoli) es un dentista parisino de mediana edad que en plena crisis se enamora de un maniquí femenino. Sus interacciones con este comenzarán a cambiar totalmente su vida y la de los que le rodean.

Parece que la libertad de Berlanga para introducir imágenes impactantes no resulta tan certera como las argucias que tuvo que idear para esquivar a la censura de su primera época. Pero “Tamaño natural”, a veces transgresora y otras un tanto repetitiva, aún con sus imperfecciones es una obra original y atrevida, no solo diferente a las crónicas corales habituales del cine de Berlanga (se diría más cercana al universo fílmico de Luis Buñuel), sino también a todo lo que se había hecho antes en España. “Tamaño natural” también es una crítica a la inmadurez y alejamiento de la realidad de la burguesía, a la vez que trata temas como la obsesión, el morbo y la familia; a través de un argumento que va evolucionando del naturalismo intelectual al surrealismo más malintencionado.

 

– Para amantes de las parábolas sociales tirando a surrealistas.

– Imprescindible para erotómanos de arte y ensayo.

 

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