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El progresivo ascenso de Jonathan Demme (“El silencio de los corderos”, 1991, o “Philadelphia”, 1993) pasaba por haber aprendido el oficio con Roger Corman (debutó con “La cárcel caliente”, 1974) o convertirse en prestigioso valedor del novedoso arte del video-clip y los conciertos filmados (“Stop Making Sense”, 1984). Pero no se dio verdaderamente a conocer entre el gran público hasta la llegada de “Algo salvaje”, una suerte de comedia romántica (y ‘road movie’) que sigue el modelo de ‘chica-alocada-mete-en-líos-a-chico-apocado’ (una revisitación de “La fiera de mi niña”, 1938), cuyo argumento se va transformando en un thriller con pasados turbios, femmes fatale, violencia, sexo, villanos psicopáticos, … Demme hace suyo el guión de E. Max Frye (“Foxcatcher”, 2014, de Bennett Miller) impregnándolo con su melomanía (con temas de The Troggs a New Order), su gusto por el cine de género y una refrescante puesta en escena; logrando un entretenimiento de primera que ha alcanzado el estatus de film de culto de los 80.

La vida de Charles Driggs (Jeff Daniels) da un vuelco cuando conoce a Lulu (Melanie Griffith), una joven que lo ‘obliga’ a acompañarla a una reunión de antiguos alumnos. Allí se encontrará con su ex-novio (inolvidable Ray Liotta).

“Algo salvaje” se mueve por una serie de temas que dan cierta profundidad al film, tales como la libertad personal, la alienación del ciudadano medio, los problemas de intentar seguir las convenciones sociales o las relaciones tóxicas. Además de la buena fotografía de Tak Fujimoto (colaborador habitual de Demme), que va de la explosión urbana de color a tenebrosos ambientes rurales; y una banda sonora original compuesta nada menos que por el miembro de la Velvet Underground John Cale y la pionera del art pop y la electrónica Laurie Anderson; “Algo salvaje” destaca también por un inspirado trío protagonista que nos sumerge con facilidad en la sensualidad peligrosa, la inhibición del yuppie ochentero y la agresividad de macho alfa de sus personajes (y cameos de lujo como los de los directores John Sayles y John Waters).

 

– Para amantes de los giros argumentales.

– Imprescindible para coleccionistas de joyas de culto de los 80.

 

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