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Thriller persecutorio con forma de ‘road movie’ que en la línea de “El diablo sobre ruedas” (Steven Spielberg, 1971) construye un disfrutable espectáculo de acción y suspense con muy pocos elementos. Y es que, rodada en los desérticos parajes californianos (Mojave, Death Valley, …), “Carretera al infierno” se sirve básicamente de tres personajes (el héroe, el villano y la chica), en una serie de encuentros y desencuentros, para construir una violenta (la primera versión del guión lo era aún más) y angustiosa trama que bordea el cine de terror. “Carretera al infierno” sabe mantener la atención del espectador mínimamente entregado, ofreciéndonos una clásica historia del bien contra el mal montada a base de giros de guión; con un héroe que pasa de tipo normal tirando a mediocre a osado príncipe valiente y un memorable villano psicopático que personifica la maldad misma.

Jim Halsey (C. Thomas Howell) es un joven de Chicago que ha de entregar un coche en San Diego. Pero el trayecto se convertirá en una pesadilla cuando sube a un autoestopista (Rutger Hauer) al oeste de Texas.

El guionista Eric Red (“Los viajeros de la noche”, 1987, de Kathryn Bigelow) parece más interesado en crear secuencias de acción y situaciones que perturben al espectador que en definir a los personajes; y la realización de un entregado Robert Harmon (“De pura raza”, 1991, o “Sin escape”, 1993, o “Ellos”, 2002)), por otro lado capaz de ofrecer una estimulante experiencia visual, no solventa estas carencias. Pero son estas características las que, a pesar de su fracaso crítico y de taquilla, la han terminado por convertir en un film de culto; su falta de complejos, su sencillez y su aire de cómic, entretenido aunque improbable. Tal vez “Carretera al infierno” pueda interpretarse como una metáfora de la dualidad moral, con la carretera como simbólico escenario de dos direcciones; pero poco importa cuanto te dejas llevar por la efectiva puesta en escena de Harmon, la diabólica mirada de Rutger Hauer o la belleza de Jennifer Jason Leigh. Un magnífico entretenimiento ochentero.

 

– Para amantes de las road movies americanas y los psicópatas.

– Imprescindible para coleccionistas de films de culto de los 80.

 

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