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Antes de que la popularidad de la ‘screwball comedy’ alcanzase su cénit con “La fiera de mi niña” (1938) o las obras maestras de Preston Sturges; y de que el cine negro y las historias detectivescas dominasen las pantallas en la década de los 40; la MGM adaptó a Dashiell Hammett (“El halcón maltés”, 1941) en esta magnífica combinación de humor afilado y relato criminal que desdeñaba muchos elementos de la novela original a favor de la carismática relación de sus protagonistas. El artesano del estudio W.S. Van Dyke (“Tarzán de los monos”, 1932, “San Francisco”, 1936, o “El prisionero de Zenda”, 1937) hace un trabajo competente; pero lo que convierte en excelente este film es su acertado guión, con una retorcida trama que funciona perfectamente para la sofisticada comedia de enredo y el cine negro, y donde los personajes y las situaciones se suceden a un ritmo frenético, como los ácidos diálogos de Nick y Norah. Y es que otro de los puntos fuertes de “La cena de los acusados” es la irresistible química de su pareja protagonista (y su popular perro Skippy) y un irónico toma y daca dialéctico que recorre todo el metraje, aprovechando que el Código Hays de moralidad en el cine aún no había sido impuesto (aunque llegaría aquel mismo año).

Nick Charles (William Powell) es un famoso detective privado retirado que disfruta de la vida de la alta sociedad tras casarse con una millonaria (Myrna Loy). La desaparición de un científico lo hará volver al trabajo.

A veces “La cena de los acusados” parece una locura humorística digna de los Marx y otras veces la presencia de mafiosos y una iluminación influenciada por el expresionismo alemán crea una atmósfera más intrigante y oscura. Pero ante todo es una divertidísima comedia criminal bañada en litros de alcohol y sarcasmo, que parece respondernos a la pregunta de qué habría pasado si Sam Spade se hubiese casado con una rica heredera. Todo coronado por un clímax final entre el humor descarado de los Marx y las soluciones argumentales de Agatha Christie. El enorme éxito de la película propició hasta cinco apreciables secuelas con los mismos intérpretes.

 

– Para los que creen que el cine clásico es aburrido.

– Imprescindible para coleccionistas de comedias criminales.

 

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