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Aunque ya habían aparecido mafiosos en el cine de los años 20, fue “La ley del hampa” la primera en centrarse en la figura del gangster y en forjar muchos de los códigos de un género que se convertiría en el más exitoso de principios de los años 30 (el ambiente de los barrios bajos, la noche como telón de fondo, ese clímax trágico, …); y cuya sombra se extiende hasta el cine contemporáneo. “La ley del hampa” (último film mudo de la Paramount) es una de las piedras fundacionales del cine negro, un drama criminal con triángulo amoroso que se beneficia de un excelente guión del prolífico Ben Hecht (que logró el Oscar), bien documentado y con un hábil equilibrio entre acción, retrato social, drama y romance; pero sobre todo de la realización de un Josef von Sternberg (“La última orden”, 1928, “El ángel azul”, 1930, o “El expreso de Shanghai”, 1932) con ganas de demostrar a Hollywood de lo que era capaz.

La historia se centra en la amistad entre el delincuente ‘Bull’ Weed (George Bancroft) y ‘Rolls Royce’ Wensel (Clive Brook), un abogado alcoholizado. Se ayudarán mutuamente, pero los problemas surgirán cuando Wensel se enamora de ‘Feathers’ McCoy (Evelyn Brent), la novia de Weed.

A Sternberg parecen importarle más las tumultuosas relaciones entre los personajes, desarrollando el concepto de ‘héroe byroniano’ (una suerte de anti-héroe, idealista, inteligente e íntegro, pero problemático, cínico y desequilibrado), que los tiroteos y persecuciones (aunque los hay); convirtiendo el sórdido, claustrofóbico e inhumano entorno urbano en el que se mueven en una metáfora de su mundo interior. El film de Sternberg se sumergía en la actualidad del momento (fue rodada durante la Ley Seca), en la psicología de sus personajes y en el propio lenguaje cinematográfico, con una innovadora e inteligente puesta en escena y una narración tan ágil como intensa. “La ley del hampa” tiene varios puntos en común con otra historia de Ben Hecht convertida en obra maestra del género: “Scarface, el terror del hampa” (Howard Hawks, 1932), anticipándose a ciertos elementos que popularizaría esta última.

 

– Para conocer lo mejor que podían dar de si los estertores del cine mudo.

– Imprescindible para genealogistas del cine de gangsters.

 

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