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Exitoso batiburrillo ochentero donde se combinan el humor de jóvenes descerebrados (pero con buen corazón), la ciencia-ficción de viajes en el tiempo y el cine histórico-educativo; dando lugar a una entretenida comedia fantástica tan luminosa como desacomplejada, tan refrescante como carismática. “Las alucinantes aventuras de Bill & Ted” no propone ninguna clase de reflexión en torno a la relación entre el pasado y el presente, ni siquiera sobre la necesidad de estudiar para convertirte en un hombre de provecho; su planteamiento es de lo más sencillo (como la mente de sus protagonistas), apostando por la diversión superficial y el buen rollo. Y es precisamente su falta de pretensiones y su retrato prototípico de la juventud metalera (con su ‘air guitar’ y sus expresiones monolíticas) lo que ha provocado que siga siendo adorada en la actualidad.

Para poder graduarse, Bill (Alex Winter) y Ted (Keanu Reeves) han de aprobar un examen de historia. Por suerte tendrán la ayuda de un tipo del futuro que los ayudará a conocer el pasado en persona.

La crítica de la época no fue muy tolerante con esta imperfecta oda a la idiotez adolescente, al heavy metal y los viajes temporales dirigida por el no muy apreciado Stephen Herek (“Critters”, 1986, “Somos los mejores”, 1992, o “Profesor Holland”, 1995); lo cual no impidió que reventase taquillas, convirtiéndose en film de culto y propiciando una secuela (“El viaje alucinante de Bill y Ted”, 1991, de Peter Hewitt), series de televisión, cómics y videojuegos. Una de las claves humorísticas de “Las alucinantes aventuras de Bill & Ted” es enfrentar a los más variados personajes históricos con situaciones y elementos modernos, sobre todo en relación con la cultura juvenil de los 80; dando lugar a algunas de la secuencias más recordadas del film. Al año siguiente de llamar la atención con “Las amistades peligrosas” (Stephen Frears, 1988), Keanu Reeves se convirtió en estrella juvenil con este roquero delirio colorista por el que también desfilan numerosas caras conocidas (George Carlin, Bernie Casey, Al Leong, …).

 

– Para amantes de la comedia descerebrada y roquera.

– Imprescindible para coleccionistas de viajes en el tiempo ochenteros.

 

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