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Durante los 60, la productora hongkonesa Shaw Brothers se convirtió en la meca de las artes marciales gracias a estilizados films de época, donde piruetas imposibles y minuciosas coreografías servían para relatar épicas historias tradicionales chinas. El éxito de los films de Bruce Lee hizo que el género cambiase, poniéndose de moda las historias contemporáneas y un crudo y directo estilo de lucha. Los Shaw Brothers respondieron dando al wuxia clásico (saltos exagerados, la importancia y variedad de las armas, …) un aire más acorde con los nuevos tiempos en obras maestras como “De profesion – Invencible” (1972), “Las 36 cámaras de Shaolin” (1978) o “Los cinco venenos”, un deslumbrante ejercicio de estilo en el que una sencilla pero atractiva trama de búsqueda, enfrentamiento y venganza sirve para desarrollar una serie de violentos y originales combates, en una época indeterminada (excelente dirección artística, caracterización y vestuario) suspendida en un universo fantástico.

Yan Tieh (Chiang Sheng) es el último alumno de la escuela de los Cinco Venenos, su misión es encontrar a los cinco alumnos anteriores (Cienpiés, Serpiente, Escorpión, Lagarto y Sapo) y comprobar que no usan sus habilidades para el mal.

El director estrella del estudio Cheh Chang (“El espadachín manco”, 1967, “Crippled Avengers”, 1975, o “Five Element Ninjas”, 1982) fue el encargado de orquestar este carismático film de acción e intriga, hito del cine de entretenimiento que explora diversas técnicas de kung fu con un envidiable sentido del espectáculo. Influyente película de culto (Quentin Tarantino es uno de sus grandes fans), “Los cinco venenos” cuenta con una producción impecable, un excelente diseño de personajes (a lo que ayuda unos inolvidables actores que se convertirían en las grandes estrellas de la Shaw Brothers) y la sabiduría de Cheh Chang escenificando unos intensos combates; si a esto añadimos el placer de trasladarse a ese exótico mundo regido por sus propias leyes (inspirado también en los códigos del western), su visionado se convierte en una inigualable experiencia.

 

– Para acercarse al revolucionario cine hongkonés de los 70.

– Imprescindible para cualquier amante del cine de artes marciales.

 

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