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Tras un lustro sin prodigarse en el cine (desde “The Crazies”, 1973), el director de “La noche de los muertos vivientes” (1968) volvió a las pantallas por partida doble. Por un lado continuando con su popular saga (“Zombi”, 1978) y por otro con este atípico y controvertido film de vampiros cuyas influencias se extienden de Dario Argento a Ingmar Bergman. A pesar de tratarse de una película de terror, con “Martin” George A. Romero se aleja de la comercialidad de sus obras más populares, construyendo un auténtico film de autor (con aspiraciones artísticas y temáticas) que reflexiona sobre la dualidad de la condición humana y la imposibilidad de deshacernos de nuestro ‘lado oscuro’; una obra incómoda, pesimista y satírica que provoca tanto culto como aversión. Experimento formal y temático, “Martin” también posee uno de los mejores trabajos de George A. Romero en cuestión de puesta en escena, con cuidados encuadres y movimientos de cámara que ayudan a olvidar su escueto diseño de producción.

Martin (John Amplas) es un joven que se traslada a Pittsburgh para ayudar a su primo como chico de los recados en una carnicería. Martin está convencido de que una extraña maldición pesa sobre la familia.

Su bajo presupuesto (100.000 dólares), la elección de actores con poca o nula experiencia y la preeminencia de una iluminación natural; da a “Martin” un tono de ‘cinema veritè’ muy de moda durante los años 70, un realismo que hace más escalofriante y cruda esta trama de angustia existencial y crímenes sangrientos. Romero juguetea con los tópicos del vampirismo, reinterpretándolos de una manera esquiva y tramposa, prestando más atención a la composición de un protagonista psicopático que a dar concesiones a una historia vampírica que parece preguntar al espectador ‘¿qué es realmente un vampiro?’. Aunque no es su film más gore, esta ambigua parábola psicológica supuso la primera colaboración entre Romero y el popular diseñador de efectos especiales y de maquillaje Tom Savini, que terminaría por convertirse en un icono del cine de terror de los 80.

 

– Para interesados en el cine de terror de autor.

– Imprescindible para coleccionistas de películas atípicas de vampiros.

 

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