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Rodada simultáneamente con “Regreso al futuro II” (1989), la tercera parte de la más famosa saga de viajes en el tiempo es un divertido homenaje al cine del oeste que no deja de lado los elementos de ciencia-ficción, el humor y las constantes marcadas por las entregas anteriores (el leit-motiv argumental es muy parecido al de la primera parte). Robert Zemeckis (“¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, 1988, “Forrest Gump”, 1994, o “Náufrago”, 2000) rodó en Monument Valley y reunió actores veteranos y especialistas que habían participado en westerns clásicos (Harry Carey Jr., Dub Taylor, Pat Buttram, …); además de construir el argumento a base de muchos de los elementos temáticos (la llegada de la modernidad, el ferrocarril, las bandas de forajidos, …) y estéticos (la soleada fotografía de Dean Cundey que evoca los tiempos del Technicolor, …) habituales de los relatos del salvaje oeste.

Tras recibir una carta de Doc (Christopher Lloyd) desde 1885, Marty (Michael J. Fox), que ahora se encuentra en 1955, decide viajar al pasado para salvar la vida de su amigo.

Tal vez “Regreso al futuro III” sea la peor de las tres películas, pero es un estupendo entretenimiento, ingenioso y trepidante, divertido y emocionante; un broche a la altura de ese hito del cine comercial que fue “Regreso al futuro” (1985), atando todos los cabos de la trilogía a la vez que nos regala numerosos guiños que amplían el universo creado por Zemeckis y Bob Gale. “Regreso al futuro III” es una comedia de aventuras con romance, duelos, tiroteos, bailes de granero, persecuciones a caballo, carretas desbocadas y demás clichés; todo tratado desde el punto de vista de un viajero del tiempo siguiendo las claves marcadas por Mark Twain en “Un yanqui en la corte del rey Arturo” (1889). No respondió en taquilla como los anteriores films, tal vez porque no tenía los deslumbrantes efectos especiales futuristas de la segunda entrega, pero Zemeckis y Gale tuvieron toda la libertad que quisieron para sumergirse en uno de los géneros paradigmáticos de la historia del cine y cerrar a su gusto la trilogía.

 

– Para coleccionistas de westerns poco ortodoxos.

– Imprescindible si has visto las otras dos partes.

 

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