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Segundo largometraje de Werner Herzog (“Aguirre, la cólera de Dios”, 1972, o “Fitzcarraldo”, 1982), uno de los directores más originales e insobornables del nuevo cine alemán que inundó el circuito de festivales durante los años 70 (Rainer W. Fassbinder, Wim Wenders, Volken Schlöndorff, …). Tal vez “También los enanos empezaron pequeños” sea una parábola, un ejercicio simbólico por medio del cual Werner Herzog profundiza en la psicología, la moral, la sociedad, la humanidad, la política y el mundo en general; pero que el siempre atrevido director alemán no hable directa o explícitamente de estos asuntos no quiere decir que sea sutil. Herzog es agresivo, radical y provocador, evitando las convenciones narrativas (su trama es más bien una sucesión de situaciones) y visuales (el crudo blanco y negro, el uso de actores acondroplásicos, …), poniéndoselo muy difícil al espectador que no esté dispuesto a entrar en su juego.

Un grupo de enanos encerrados en una extraña institución, situada en una isla remota, se rebelan contra la dirección de la institución y las reglas que les han impuesto. Pronto el motín alcanzará límites esperpénticos.

Con “También los enanos empezaron pequeños” Herzog parece darnos su propia visión crítica de las revoluciones sociales que trajeron las nuevas generaciones a finales de los 60, mostrándose pesimista y cruel. El joven Herzog (la rodó con tan solo 27 años) nos traslada a un indeterminado paraje inhóspito (fue rodada en Lanzarote), regido por sus propias reglas, con un argumento entre el relato surrealista y el cuento siniestro, que señala que vivimos en un entorno que no está hecho a nuestra medida. Así, el director de “Grizzly Man” (2005) profundiza aquí en uno de sus temas favoritos: la a menudo infrunctuosa lucha del hombre contra algo que lo supera con creces. Pero al contrario que en sus films más conocidos, ese algo no es aquí la Naturaleza, con su inabarcable enormidad, sino la naturaleza humana, impregnada de ansias de libertad pero también cargada de envidia, ignorancia, miedo, …

 

– Para amantes de las fábulas morales crueles.

– Imprescindible para acercarse a las vanguardias cinematográficas de los 70.

 

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