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Tras aprender el oficio de director en televisión con series como “Canción triste de Hill Street” (1981-87), que el mismo producía, o “Corrupción en Miami” (1984-90), David Anspaugh debutó en el cine con esta clásica historia de superación (individual y en grupo) tan cargada de nostalgia como sólidamente rodada. Y es que a pesar de que su argumento (basado en una historia real) puede resultar un tanto trillado, lo cierto es que su cuidada concepción visual (que nos traslada con su recreación y fotografía a la intensa pureza cromática del cine de los años 50) y la calidad de sus interpretaciones (con un siempre excelente Gene Hackman y un desintoxicado Dennis Hooper, con nominación al Oscar incluida), convierte a “Hoosiers: más que ídolos” en una de las mejores películas jamás rodadas dentro de este subgénero deportivo de ‘equipos-humildes-que-logran-llegar-a-lo-más-alto’.

Cuando en 1951, Norman Dale (Gene Hackman) llega al pueblo de Hickory, para entrenar al equipo de baloncesto del instituto, tendrá que enfrentarse a ciertos problemas que sacarán a la luz los suyos propios.

El forastero, íntegro y de pasado tormentoso, que lucha contra la incomprensión de los que le rodean, el padre alcohólico en busca de redención o el equipo de baloncesto de un pequeño pueblo que demuestra que puede ser más de lo que parece son elementos que nos introducen en un film que bebe de la mitología cinematográfica americana, pero que también forma parte de un imaginario común, universal y fácil de asimilar. “Hoosiers: más que ídolos” es un drama deportivo emocionante y entretenido, con unos personajes irresistibles y una serie de situaciones y detalles que nos enganchan a una historia que sabe ser creíble tanto en su retrato de la mediana edad como de la juventud de la década de los 50. Uno de los mejores ejemplos de film de ‘hazañas deportivas’, sólido y atractivo, fácil de ver y entender (no solo por aficionados al baloncesto), más interesado en los perfiles psicológicos y sociológicos que en la trama o en la originalidad cinematográfica.

 

– Para interesados en historias conocidas pero bien contadas.

– Imprescindible para los que creen que el baloncesto y el cine no se llevan muy bien.

 

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