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Antes de convertirse en uno de los productores clave de la fructífera saga iniciada con “La noche de Halloween” (1978), el cineasta sirio afincado en EE.UU. se embarcó en una arriesgada, ambiciosa y controvertida superproducción destinada a dar a conocer los orígenes y la cultura islámica al mundo occidental; intentando estrechar lazos y establecer similitudes en unos años 70 en los que ciertos atentados islamistas estaban propiciando un odio muy mediático a lo árabe. Además de ciertos cánones del cine bíblico, “Mahoma, el mensajero de Dios” toma como influencia el cine de David Lean, lo cual se aprecia no solo en la puesta en escena y el épico argumento el film sino en la elección de dos colaboradores del director británico: el genial compositor Maurice Jarre (oscarizado por “Lawrence of Arabia”, 1962, “Doctor Zhivago”, 1965, y “Pasaje a la India”, 1984, todas de Lean) o el director de fotografía Jack Hildyard (oscarizado por “El puente sobre el río Kwai”, 1957).

El film nos cuenta la historia del Islam por medio de la figura de Mahoma (cuyo aspecto o voz nunca se muestran), el cual tras tener una aparición del Ángel Gabriel intenta que las gentes de La Meca, entonces politeístas, creyesen en un dios único: Alá.

Akkad no consiguió financiación en EE. UU. y tuvo que buscar productores en Europa (el especializado en cine bélico Harold Buck) y África (ni más ni menos que el presidente libio Muammar al-Gaddafi); logrando el suficiente dinero para crear un espectáculo épico con una recreación histórica impecable, un enorme respeto al material que trata, un extenso reparto internacional y destacados logros artísticos y técnicos. “Mahoma, el mensajero de Dios” tiene batallas espectaculares, una historia sobre insurrección al poder establecido, suficiente empaque visual y es didáctica y cinematográficamente interesante; pero todo eso no fue suficiente para que el público no árabe se acercase a las tres horas de metraje que proponía Akkad. Moustapha Akkad rodó a la vez una versión con actores árabes (“Al-risâlah”, 1976) que fue la que se distribuyó en países musulmanes.

 

– Para acercarnos con maneras hollywoodienses a una cultura tan cercana como desconocida.

– Imprescindible para cinéfilos interesados en genealogías religiosas.

 

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