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Basada en una novela de James M. Cain (adaptado en clásicos como “Perdición”, 1944, o “El cartero siempre llama dos veces”, 1946), uno de los grandes de la novela negra americana; “Alma en suplicio” mezclaba con virtuosismo dos de los géneros más populares de los años 40: por un lado el cine negro, con su sórdida trama criminal, y por otro el melodrama en torno a las vicisitudes socio-existencialistas de una mujer de clase media. “Alma en suplicio” es un entretenido thriller dramático hollywoodiense, pero también una atípica historia de madre coraje, una reflexión en torno a las relaciones materno-filiares, un retrato social de la América de la posguerra, un relato criminal en el que las piezas van encajando conforme avanza la trama, una aguda exploración psicológica (con magníficos personajes), un impecable ejercicio cinematográfico de creación de atmósferas, …

El film nos cuenta la historia de Mildred Pierce (Joan Crawford), una ambiciosa mujer que deja a su marido para convertirse en alguien importante. Mildred solo consigue trabajar de camarera, ocultándoselo a su familia.

“Alma en suplicio” acumula una serie de virtudes que la convierte en una de las grandes obras maestras del drama criminal hollywoodiense, buenos ejemplos son la mítica (y oscarizada) interpretación de Joan Crawford; la dirección de uno de los mejores realizadores a sueldo de la Warner, Michael Curtiz (“El capitán Blood”, 1935, “Ángeles con caras sucias”, 1938, o “Casablanca”, 1942); o el excelente guión de Ranald MacDougall, tan emocionalmente intenso como psicológicamente profundo; la fotografía expresionista de Ernest Haller, con esas contrastadas luces y sombras atravesadas por personajes y nubes de humo; o la inquietante banda sonora del tres veces oscarizado Max Steiner. Fue un éxito enorme, suponiendo otro hito en la legendaria carrera de la Crawford (“Johnny Guitar”, 1954, o “¿Qué fue de Baby Jane?”, 1962) y una inagotable influencia en el cine posterior (de las inevitables imitaciones posteriores a homenajes como el vestuario de la replicante Rachel en “Blade Runner”, 1982).

 

– Para coleccionistas de iconos originales del cine negro.

– Imprescindible para amantes del cine hollywoodiense clásico.

 

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