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El boxeo, con sus combates amañados, sus apuestas ilegales y sus trágicas historias de sacrificio y superación, es un entorno perfecto para el cine negro; lo que quedó patente gracias a clásicos de la época dorada del género como “Cuerpo y alma” (1947), “Nadie puede vencerme” (1949) o “El ídolo de barro”, un intenso drama negro con trasfondo pugilístico que convierte un argumento un tanto manido (pero atractivo) en un excelente film gracias a un gran nivel interpretativo y de puesta en escena (además de su excelente concepción estética). Ninguneado como tantos otros grandes artesanos de la era dorada de Hollywood, Mark Robson (“Más dura será la caída”, 1956, “Vidas borrascosas”, 1957, o “El coronel Von Ryan”, 1965) imprime a la película una energía que queda vigente en las estupendas secuencias de lucha (con ese influyente montaje agresivo y sincopado) y en una tenebrosa y estilizada concepción estética; introduciendo al espectador en el lado más sórdido submundo del boxeo.

Midge Kelly (Kirk Douglas) es un joven que viaja junto a su hermano Connie (Arthur Kennedy) desde Chicago a California para trabajar en un restaurante. Pero Midge terminará haciendo carrera como boxeador.

Como muchas de las tramas clásicas de cine negro, el film que convirtió a Kirk Douglas en estrella (tras destacar como secundario) nos habla de la ambición y la obsesión por alcanzar el éxito a cualquier precio; por medio de una historia de ascenso y caída que bien podría ser la de un gangster de los años 30. “El ídolo de barro” supone una de esas conjunciones de talentos que solo podía darse en aquella época y en aquel lugar: la siniestra iluminación en blanco y negro de Franz Planer, una banda sonora del mítico Dimitri Tiomkin, un predecible pero muy bien dosificado guión del perseguido Carl Foreman (incluido en la Lista Negra de Hollywood, no pudo recoger su Oscar por “El puente sobre el río Kwai”, 1957, hasta los años 80), el oscarizado montaje de Harry Gerstad (que repetiría premio con “Solo ante el peligro”, 1952) y toda una serie de profesionales técnicos y artísticos de primera.

 

– Para amantes del mejor cine negro hollywoodiense.

– Imprescindible para los cinéfilos aficionados al boxeo.

 

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