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Tras lograr llevar a buen puerto su obra maestra “Nimh: El mundo secreto de la señora Brisby” (1982) y desafiando el monopolio Disney del cine de animación; Don Bluth (“En busca del valle encantado”, 1988, “Todos los perros van al cielo”, 1989, o “Anastasia”, 1997), antiguo animador de la factoría de Mickey Mouse, necesitaba financiación para seguir haciendo películas. El dinero vino de manos del todopoderoso Steven Spielberg, logrando que “Fievel y el nuevo mundo” se convirtiese en la película de animación ‘no-Disney’ más taquillera de la historia hasta el momento. “Fievel y el nuevo mundo” es una entretenida comedia de aventuras que utiliza la enorme afluencia de inmigrantes a Nueva York a finales del siglo XIX para desarrollar una serie de temas como el respeto, la integración, la familia, la corrupción o la tradición.

Los Mousekewitz son una familia de ratones rusos que deciden viajar a los EE.UU., un lugar donde dicen que no existen los gatos. Pero durante el viaje, el pequeño Fievel, cae por la borda y se separa de su familia.

Bluth optó por una animación clásica, utilizando colores cálidos y formas redondeadas para potenciar un aspecto retro que combina perfectamente con esta historia de superación, aprendizaje y pérdida de la inocencia para toda los públicos; todo un esfuerzo técnico y artístico que se marcó a fuego en el imaginario de los niños (y los adultos) de los 80, con sus minuciosos escenarios y un excelente diseño de personajes (que denota los orígenes e influencias del director) que sirve a Bluth para sumergirnos en un encantador mundo secreto, repleto de ingenioso atrezzo, que convive y se relaciona con el de los humanos. “Fievel y el nuevo mundo” tiene un carismático héroe, unos aterradores villanos, una buena banda sonora y canciones (‘Somewhere Out There’ fue nominada al Oscar) obra de James Horner, un gran trabajo de ‘puesta en escena’ (encuadres, movimientos de cámara, …) y muchas otras cosas que la hacen una de las mejores películas de animación del siglo XX. Hubo una aceptable secuela sin Don Bluth: “Fievel va al Oeste” (1991).

 

– Para amantes de la animación para todos los públicos con aliento clásico.

– Imprescindible para coleccionistas de los grandes éxitos de los 80.

 

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