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Con solo 23 años, Harmony Korine (guionista de “Kids”, 1995, o “Ken Park”, 2002, y director de “Julien Donkey-Boy”, 1999, o “Spring Breakers”, 2012) debutó como realizador con este implacable y desolador retrato de la América profunda que triunfó en festivales como Gijón, Rotterdam o Venecia y convirtió a Korine en uno de los más prometedores talentos del cine independiente americano. Con un atrevido estilo visual y narrativo a medio camino entre el hiperrealismo más crudo y el surrealismo más sucio (ese chico vestido de conejo que pasea por inhóspitos parajes casi apocalípticos), Korine perfila un retrato colectivo del otro lado del ‘American Way of Life’ (la llamada despectivamente ‘Basura Blanca’) a base de bizarros personajes marginales, ‘losers’ suburbiales, inadaptados y tarados varios. Ambientado en Xenia, una pequeña población (unos 25.000 habitantes) de Ohio que ha sido duramente castigada por los tornados; el film sigue las bizarras peripecias de una serie de personajes que se dedican a esnifar pegamento, matar gatos, emborracharse y pelearse.

Con el atrevimiento propio de la juventud más desairada, el director nos hace un recorrido por la crueldad animal, las familias disfuncionales, el abuso sexual, el racismo, la homofobia, las drogas, el crimen, la enfermedad mental, la pobreza, y un largo etc. sin abandonar su original estilo de poesía esquizofrénica e incómoda (aunque remita a Herzog, Godard, Carax o Jarman).

Korine logró un impactante tono experimental mezclando realidad con ficción y haciendo su propia interpretación de las referencias a la cultura popular (esa ecléctica banda sonora, que mezcla black metal con Madonna, Buddy Holly o Roy Orbison). Unos secundarios de culto (Max Perlich, Linda Manz o Chlöe Sevigny, por entonces pareja de Korine), el tratamiento de la luz por parte del interesante Jean-Yves Escoffier (“Los amantes del Pont-Neuf”, 1991) y algunas escenas de esas que se graban en la retina del espectador; todo unido al ingenio ‘outsider’ de Harmony Korine, dieron como resultado esta joya de culto del cine ‘del otro lado’.

 

– Para todo al que le guste el realismo bizarro de extrarradio o el gótico suburbial de la América profunda.

– Imprescindible para entender las vanguardias cinematográficas de los años 90.

 

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