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Con solo 28 años y convertida ya en una de las más populares estrellas hollywoodienses del momento, Greta Garbo (“Gran Hotel”, 1932, o “Ninotchka”, 1939) abandonó su retiro de más de un año y medio (no tardaría en retirarse del todo) para adentrarse en la atormentada vida de Cristina de Suecia, monarca del siglo XVII culta, pacifista y adelantada a su tiempo, símbolo de la lucha contra las desfasadas normas políticas y religiosas. El artesano todoterreno Rouben Mamoulian (el terror de “El hombre y el monstruo”, 1931, la comedia de “Ámame esta noche”, 1932, o las aventuras de “El signo del Zorro”, 1940) añadía el drama histórico a su currículum; logrando uno de sus mejores trabajos gracias a una excelente puesta en escena a base de cuidados encuadres y planos con reminiscencias pictóricas, además de memorables movimientos de cámara.

Tras subir al trono, la reina Cristina (Greta Garbo) se dedica a gobernar, dejando de lado su propias necesidades. Pero un día se enamora del embajador español (John Gilbert, en uno de sus últimos intentos de sucumbir al cine sonoro).

Aún no hacía un década que había llegado a Hollywood y la Garbo volvía la mirada a su Suecia natal para interpretar un papel con muchos paralelismos con su propia historia. Aunque “La reina Cristina de Suecia” es mucho más que la magnética y misteriosa presencia de Greta Garbo; su guión es excelente, rico en diálogos inteligentes y situaciones cargadas de poesía visual; y sus apartados técnicos y artísticos están por encima de la media. Armado con la divina frialdad de la Garbo y de una trama que mezcla los sucesos reales con la ficción histórica, el film se mueve entre el retrato psicológico y el socio-político; desarrollando un elegante discurso en torno a la relación entre ambos niveles. A pesar de sus numerosas libertades con respecto a lo que ocurrió realmente (inspirada por una obra de teatro de August Strindberg), “La reina Cristina de Suecia” pasa por ser uno de los grandes biopics de la historia, un enorme éxito de taquilla y crítica que terminó de convertir a la Garbo en icono inmortal del cine.

 

– Para acercarse a uno de los grandes iconos del cine.

– Imprescindible para amantes de los grandes melodramas históricos.

 

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