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Como cabe esperar de uno de los mejores directores de la historia del cine; si cogemos el film que se considera el gran fracaso (crítico y público) de la carrera de Billy Wilder (“Perdición”, 1944, “El crepúsculo de los dioses”, 1950, o “Con faldas y a lo loco”, 1959) nos encontraremos con una película arriesgada e incomprendida, de calidad incuestionable pero algo alejada del registro habitual de su autor. Y es que, a pesar de que el montaje final horrorizó al propio Wilder, “La vida privada de Sherlock Holmes” es un entretenido, elegante e irónico homenaje al famoso detective; una inteligente revisitación del personaje a través del incisivo y burlesco prisma de director y su inseparable I.A.L. Diamond (“El apartamento”, 1960, o “En bandeja de plata”, 1966).

Tras ser rescatada del Támesis, la joven belga Gabrielle Valladon (Geneviève Page) pide a Sherlock Holmes (Robert Stephens) que la ayude a encontrar a su marido, un ingeniero desaparecido misteriosamente.

Pero además “La vida privada de Sherlock Holmes” cuenta con un atractivo estilo visual que evoca el cine clásico (con esa colorida fotografía de Christopher Challis); una recreación minuciosa repleta de detalles; una enrevesada trama con elementos insólitos en las aventuras de Holmes; una genial banda sonora del maestro Miklós Rózsa (cuyo concierto de violín vertebra todo el film); y unas interpretaciones adecuadas a esa humanización/desmitificación que los autores parecen buscar. El tiempo se ha ocupado de poner en su lugar esta joya incomprendida del cine que abrió la veda para toda una serie de parodias y vueltas de tuerca al personaje de Arthur Conan Doyle (de “Elemental, Dr. Freud”, 1976, a “Mr. Holmes”, 2015, pasando por “Basil, el ratón superdetective”, 1986). Aunque no pudo hacerlo explícitamente, Wilder deja una serie de pistas (a veces no muy sutiles) a lo largo del metraje que van describiendo al famoso investigador de Baker Street como una suerte de homosexual reprimido; haciendo que la relación que mantiene con Watson trascienda sutilmente la amistad.

 

– Para amantes del cine detectivesco más elegante e irónico.

– Imprescindible para amantes del inmortal personaje de Arthur Conan Doyle.

 

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