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Con su única incursión en el mundo del cine, el compositor y director de ópera Leonard Kastle (aunque Martin Scorsese había sido despedido tras varios días de rodaje por trabajar demasiado lento) consiguió que un mínimo presupuesto, unas inquietantes interpretaciones y una vanguardista concepción de la historia y su desarrollo diesen lugar a una de las más insólitas e influyentes historias de amor del cine; además de una de las más turbias, arriesgadas y contraculturales críticas al ‘American Way of Life’. Enmarcado originalmente dentro de la corriente del cine de explotación y bajo presupuesto de finales de los 60, “Los asesinos de la luna de miel” pronto se convirtió en un film de culto (sobre todo en Europa, donde había tenido cierta repercusión en taquilla) por su escabrosa atención al detalle, su angustioso realismo, su oscuro sentido del humor, su truculenta historia y su cruda manera de contarla (François Truffaut dijo que era su película americana favorita).

La película cuenta la historia real de la enfermera obesa Martha Beck (Shirley Stoler), eterna solterona con malas pulgas que sueña con encontrar al hombre de su vida; y el buscavidas mujeriego Ray Fernandez (Tony Lo Bianco), que se dedica a seducir a mujeres solitarias para robarles el dinero.

Relato de romance criminal que parte de la premisa trasunto de “El demonio de las armas” (Joseph H. Lewis, 1950) o “Bonnie & Clyde” (Arthur Penn, 1967) para construir una grotesca, claustrofóbica y perturbadora serie B rodada con un estilo casi documental (sin discursos ni posicionamiento moral), con una estética feísta y seca, a base de curiosos movimientos de cámara (en algunas ocasiones cámara en mano) y un orgánico blanco y negro (entre Cassavetes y el primer John Waters), que remueve al espectador y una narración episódica con un ‘crescendo’ visceral. En 1996, el director mexicano Arturo Ripstein volvió a revisitar la historia de Marta Beck en la excelente “Profundo Carmesí”; y 10 años después Salma Hayek y Jared Leto interpretarían a la pareja criminal en la apreciable “Corazones Solitarios”.

 

– Para amantes de las historias de amor más al límite.

– Imprescindible completar el puzzle del cine independiente americano.

 

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