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El director inglés afincado en EE.UU. Alex Cox (“Walker”, 1987, o “El patrullero”, 1991) logró con su debut uno de los más icónicos films de culto de los 80; y es que “Repo Man” es de esas películas que no se olvidan por bizarra, ecléctica, irreverente, underground, atrevida y excesiva. Toda una perla inclasificable del cine freak, con una potente banda sonora (con trallazos de Iggy Pop, Circle Jerks, Black Flag o Suicidal Tendencies), una colorista fotografía del alemán Robby Müller (habitual de Wim Wenders, Jim Jarmusch o Lars Von Trier) y un argumento delirante, escrito por el propio Cox, que se mueve entre el thriller satírico-social, el cine de acción callejero, la comedia absurda, la fantasía surrealista y la angustia punk-adolescente con la desfachatez de la serie B más rompedora.

Otto (Emilio Estévez) es un joven desencantado que vaga por las calles de Los Angeles. En su búsqueda de algo para ganarse la vida conoce a Bud (Harry Dean Stanton), el cual lo introduce en el mundo de los recuperadores de coches cuyas facturas no han sido pagadas.

La ópera prima de Cox (que podemos considerar la primera entrega de su ‘trilogía punk’ compuesta además por “Sid & Nancy”, 1986, y “Directos al infierno” 1987) es un divertido conglomerado de elementos más o menos bien ensamblados: un punky con padres hippies enganchados a los televangelistas (un Emilio Estévez pre-“El Club de los Cinco”), tipos muy duros (impagable Harry Dean Stanton), drogas, coches clásicos, agentes secretos del gobierno, mexicanos, extraterrestres y un mcguffin de manual. “Repo Man” es un ejercicio de cine psicotrónico en la línea de otros pastiches genéricos ochenteros de serie B (esas entrañables producciones de la Cannon o la Full Moon de Charles Band), que se sitúa por encima de estas gracias a una realización más cuidada y unas aspiraciones conceptuales (su crítica al capitalismo o su retrato existencial de la juventud inadaptada de los 80) más propias del cine de autor que del cine comercial barato. El propio Cox dirigió una secuela tardía, bastarda y olvidable: “Repo Chick” (2009).

 

– Para todos los que quieran echar un vistazo al underground comercial de los 80.

– Imprescindible para los buscadores de rarezas inclasificables.

 

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