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El tercer largometraje de Dennis Hopper como director (tras el éxito de la icónica “Easy Rider”, 1969, y el apoteósico fracaso de “The Last Movie”, 1971) llegó poco antes de que decidiese desintoxicarse definitivamente (y después de unos tortuosos años 70); y fue la última vez que, tras las cámaras, creó una película realmente arriesgada, contracultural y diferente. Hopper volvía a arremeter contra el vulgar estilo de vida americano y esta vez con un desolador drama social de iniciación precoz en el que la música punk y la autodestrucción se mezclan con los mitos del rock’n’ roll y la vida de los ‘losers’ más marginales. Perturbador, triste, cruel, descarnado y brutal drama familiar que pone en evidencia la existencia de libertad y justicia en la sociedad moderna sin ninguna clase de adornos superfluos, con una crudeza entre el Neorrealismo y el Cine Independiente de los 70; con una dureza sin contemplaciones.

Cebe (Linda Manz) es una joven de Vancouver (el film es canadiense), admiradora de Elvis Presley y Sid Vicious, que se siente encerrada en una sociedad que no la entiende y una familia disfuncional con un padre ex-presidiario (Dennis Hopper, que aseguraba que este papel era un trasunto del de “Easy Rider” diez años después) y una madre drogadicta (Sharon Farrell).

Aunque compitió por la Palma de Oro en Cannes y la crítica alabó las interpretaciones de Manz y Hopper, el film se convirtió en un fiasco en taquilla, lo que intensificó el mal momento de Hopper (que en los últimos años no había trabajado prácticamente, aunque algunos amigos-fans le habían dado pequeños papeles en grandes films como “El amigo Americano”, 1977, o “Apocalypse Now”, 1979). Un estupendo broche para el movimiento Punk (que daría paso al más siniestro After-Punk) y a su ‘no future’ en forma de melómano (el título proviene de una canción de Neil Young) film de culto que tiene su mejor baza en su carismática y poco prolífica protagonista, Linda Manz (no obstante ha aparecido en películas de culto como “Días del Cielo”, 1978, “Las pandillas del Bronx”, 1979, o “Gummo”, 1997).

 

– Para amantes del cine independiente más crudo y perturbador.

– Imprescindible para cualquiera interesado en la pesimista psicología adolescente.

 

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