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El inmenso éxito cosechado por “Blancanieves y los siete enanitos” (1937) propició que la Disney pusiese a sus mejores animadores, escritores y músicos a trabajar en una serie de largometrajes que constituyeron la primera oleada de obras maestras del estudio de Mickey Mouse: “Pinocho” (1940), “Bambi” (1942) o “Dumbo”, una emotiva e ingeniosa revisitación circense del cuento de “El patito feo” adaptada a los códigos visuales y temáticos del estudio. Y es que “Dumbo” mantiene intacto su encanto ochenta años después gracias al esmerado trabajo de directores como Wilfred Jackson (“El concierto”, 1935), Ben Sharpsteen (“La caravana de Mickey”, 1938) o Jack Kinney (“Der Fuehrer’s Face”, 1942); animadores de la talla de Wolfgang Reitherman (“El libro de la selva”, 1967) o Bill Melendez (“Un niño llamado Charlie Brown”, 1969); un guión simple pero atractivo que dosifica adecuadamente su mezcla de humor y drama; o una pegadiza (y oscarizada) banda sonora que cuenta con temas tan populares como ‘Pink Elephants on Parade’ o ‘When I see an elephant fly’.

El film nos cuenta la historia de Dumbo, un pequeño elefante con las orejas enormes del cual se ríen todos los animales del circo donde vive. Su único amigo es el pequeño ratón Timothy.

Tras el descalabro comercial de “Fantasía” (1940), la Disney redujo costes, reduciendo el metraje de “Dumbo” a poco más de una hora, que se usasen acuarelas para pintar los fondos o que los personajes tuviesen menos detalle. Pero todo esto le da un aspecto, alejado del progresivo recargamiento de la factoría Disney, que la convirtió en una pequeña joya del cine de animación, sin excesivas pretensiones pero irresistible; además de en el mayor éxito de taquilla de Walt Disney durante toda la década de los 40. Basadas en un libro infantil ilustrado, las aventuras de este adorable e icónico protagonista son perfectas para los niños (ni los toma por tontos ni los trata con condescendencia); pero también suponen un entrañable entretenimiento repleto de detalles que pasan inadvertidos para el público más joven.

 

– Para los que solo tengan una hora para ver una obra maestra de la animación.

– Imprescindible para coleccionistas de cuentos populares del siglo XX.

 

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