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Autentico pionero hollywoodiense (comenzó su carrera en 1914) y mito del cine espectáculo, Cecil B. DeMille aparcó su ascendente interés por el cine histórico (ya fuese western: “Unión Pacífico”, 1939; de aventuras navales: “Los inconquistables”, 1947; o bíblico: “Los diez mandamientos”, 1956) para poner su desmedido y fastuoso estilo al servicio de esta entretenida superproducción en torno al mundo del circo. En esta su penúltima película, DeMille reclutó a un impresionante reparto con algunas de las grandes estrellas del momento; a un equipo técnico y artístico de primera (el vestuario de Edith Head, la dirección artística de Hal Pereira o la banda sonora de Victor Young); a más de un millar de profesionales circenses, animales y demás parafernalia (los circos de los hermanos Ringling y Barnum & Bailey al completo); y creó uno de esos sets impresionantes que evocaban el cine antaño, todo un despliegue de medios e intenciones.

El film sigue las historias de distintos personajes: el director del circo Brad Braden (Charlton Heston), que ha de contratar a un famoso trapecista (Cornel Wilde) para no tener que cerrar, quitandole protagonismo a su novia (Betty Hutton); por otro lado está el payaso Botones (James Stewart), que parece esconder algo.

Pero además de buscar complacer al máximo público posible con drama, acción, romance, música, suspense, ternura y comedia, con “El mayor espectáculo del mundo” DeMille parecía también confeccionar una especie de autoexamen de su propia carrera, un compendio de sus maneras e intereses donde el circo funciona como metáfora (o sinécdoque) del mundo del espectáculo al que se había dedicado durante setenta años. Una experiencia cinematográfica que te sumerge en la vida de los trabajadores del circo, con cariño y un irresistible sentido de la maravilla; además de en esa colorida, idealizada y ‘entrañable’ época dorada de Hollywood. Se convirtió en uno de los grandes éxitos de la época, logrando el Oscar al mejor guión y, como compensación por haber ignorado a DeMille hasta el momento, el de mejor película.

 

– Para coleccionistas de las grandes superproducciones de la historia.

– Imprescindible para amantes del cine clásico interesados en el mundo del circo.

 

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