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Aunque llevaba casi dos décadas de carrera, fue a finales de los 60, en plena fiebre del eurowestern, cuando el cineasta romano Sergio Corbucci alcanzó su cima artística gracias a hitos del spaghetti western como “Django” (1966), “El gran silencio” (1968) o “Los compañeros”, una frenética y divertida comedia de acción y aventuras que exprimía al máximo los códigos del género (estética polvorienta, amoralidad, …). Tras la estupenda “Salario para matar” (1968), Corbucci volvía al llamado ‘Zapata Western’ (ambientado en la Revolución Mexicana) con una historia similar que además de entretener también es representativa de las tendencias marxistas y revolucionarias del pensamiento europeo de la época. Pero “Los compañeros” no es un film de tesis, sino un delirante y satírico cóctel de géneros, referencias, homenajes y apropiaciones; un desacomplejado (y a veces descabellado) ejercicio de barroquismo visual y narrativo cargado de recursos cinematográficos baratos pero ingeniosos, con personajes y situaciones intencionadamente efectistas.

El film sigue a El Vasco (Tomas Milian), un limpiabotas que inicia una revolución en su pueblo; a Yodlaf Peterson (Franco Nero), un traficante de armas que quiere hacer negocios con el líder de los revolucionarios; o a John Svedese (Jack Palance), un antiguo socio de Yodlaf traicionado por este.

Corbucci da todo lo que el público espera y un poco más, ayudado por un excelente reparto internacional (con los españoles Fernando Rey, José Bodalo o Álvaro de Luna), por el siempre inspirado trabajo de Ennio Morricone y, claro, por los icónicos paisajes almerienses. Esto no es un western clásico, ni Corbucci es John Ford, ni tampoco Sergio Leone (aunque se lo comparó con “El bueno, el feo y el malo”, 1966); pero sabe perfectamente como encajar tiroteos, humor mediterráneo, teoría socio-política, personajes contrapuestos y una trama predecible, logrando uno de los mejores (y más simpáticos) spaghetti westerns de la historia. Corbucci cerraría su ‘Trilogía Revolucionaria’ con la más bien olvidable “¡Qué nos importa la revolución!” (1972).

 

– Para revolucionarios amantes de la comedia de acción.

– Imprescindible para amantes del spaghetti western.

 

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