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La a menudo interesante filmografía neozelandesa destacó en los 80 como fuente de cine fantástico de calidad, sustituyendo la falta de medios por imaginación y buenos argumentos gracias a cineastas como Geoff Murphy (“El único superviviente”, 1985), Peter Jackson (“Mal gusto”, 1987) o Vincent Ward (“Vigil”, 1984, “Mapa del sentimiento humano”, 1992); que con “Navigator, una odisea en el tiempo” supo combinar con ingenio y gusto los aspectos estéticos y conceptuales, logrando una entretenida epopeya fantástico-medieval que además de triunfar en festivales especializados (Sitges, Fantasporto, …) levantó pasiones en Cannes. “Navigator, una odisea en el tiempo” no es un film al uso, no sigue los habituales caminos de la industria y a veces puede resultar demasiado contemplativo y abstracto para el público acostumbrado al cine comercial; pero a su condición de cine de autor hay que añadir una buena cantidad de acción, aventuras, suspense, ciencia-ficción y hasta comedia, escenas oníricas y maneras surrealistas.

En un pequeño pueblo de montaña de la Inglaterra del siglo XIV, el joven Griffin (Hamish McFarlane) tiene visiones sobre cómo evitar que todos sucumban a la Peste Negra. Han de forjar una cruz y ponerla en la ‘iglesia más grande de la Cristiandad’.

Visualmente y narrativamente, “Navigator, una odisea en el tiempo” parece inspirarse en el cine de Ingmar Bergman (desde sus simbólicos montajes fragmentados a la magnífica fotografía de Geoffrey Simpson que evoca su díptico medieval: “El séptimo sello”, 1957, y “El manantial de la doncella”, 1960); mostrando la Edad Media como un lugar frío e inhóspito marcado por la iconografía religiosa. Conceptualmente, Vincent Ward establece paralelismos entre la Peste Negra que asoló Europa durante el siglo XIV y ‘plagas modernas’ como el SIDA o la amenaza nuclear (aún no había terminado la Guerra Fría); utilizando el ‘viaje del héroe’ como amargo pero necesario enfrentamiento con la muerte. Vincent Ward volvió al cine fantástico con la visualmente apabullante y temáticamente edulcorada “Más allá de los sueños” (1998).

 

– Para coleccionistas de historias ‘a través del tiempo’.

– Imprescindible para amantes del cine fantástico de autor.

 

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