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Aunque no esté a la altura de sus obras más populares (“La noche de Halloween”, 1978, o “Golpe en la pequeña China”, 1986), no cabe duda de que “El príncipe de las tinieblas” es un puro John Carpenter; una original muestra de cine de terror con la que el director de “Están vivos” (1988) vuelve a desarrollar su obsesión argumental por ‘personajes normales’ que han de enfrentarse a una fuerza diabólica que los supera. Influenciado por la obra del guionista británico Nigel Kneale (“El experimento del Dr. Quatermass”, 1956), “El príncipe de las tinieblas” mezcla conceptos de física teórica con un maligno ente sobrenatural en una interesante fusión de ciencia-ficción y terror paranormal. Aunque el ritmo no es tan frenético como en otros de sus films, Carpenter si que da una lección en cuestión de atmósfera y tensión, logrando con su intrigante banda sonora (junto a su colaborador habitual Alan Howarth, especialista en sonidos electrónicos) y una imaginativa puesta en escena (que se mueve entre lo siniestro a lo surrealista) un digno ejemplo de su sabiduría creando suspense a base de sugerir (más que mostrar).

El padre Loomis (Donald Pleasence) encuentra un extraño cilindro en el sótano de una iglesia abandonada en Los Angeles. El profesor Howard Birack (Victor Wong) y a sus alumnos irán a investigarlo.

Segunda entrega de la llamada ‘Trilogía del Apocalipsis’ (junto a “La cosa”, 1982, y “En la boca del miedo”, 1994) y primer film de Carpenter con Alive Films (que le concedieron total control creativo), “El príncipe de las tinieblas” cojea en cuestión de personajes, pero da una lección de cómo manejarse con un presupuesto ínfimo (imaginativos efectos especiales y varias buenas ideas que culminan en un efectivo clímax). Alice Cooper (que aparece en un cameo) compuso el tema ‘Prince of Darkness’ para este film que con el tiempo se ha convertido en película de culto para insaciables buscadores de joyas ocultas del cine de terror, de disfrutables pastiches genéricos donde zombies, alienígenas, religión y mecánica cuántica se unen sin prejuicios ni vergüenza.

 

– Para interesados en fusiones entre terror y ciencia-ficción.

– Imprescindible para incondicionales de John Carpenter.

 

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