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Gamberros y políticamente incorrectos como pocos en el mundo del cine, Lloyd Kaufman (“Mutantes en la universidad”, 1986, o “Tromeo y Julieta”, 1996) y Michael Herz (“Troma’s War”, 1988, o “Sgt. Kabukiman N.Y.P.D.”, 1990), los fundadores de la productora Troma (especializada en el cine de serie B más descacharrante y la explotación más descarada), se pusieron tras las cámaras para dirigir el que se convertiría en su buque insignia; además de un icono indispensable para entender el cine de bajo presupuesto de las últimas cuatro décadas. “El Vengador Tóxico” se convirtió en film de culto inmediato por su desenfadada mezcla de superhéroes, ultra-violencia, comedia burda que se jacta de su mal gusto, divertidísimo gore, sexo gratuito y bizarro, referencias culturales varias, desvergonzada crítica social (y ecologista) y una sarcástica lección moral con mucho cachondeo.

En un gimnasio de Tromaville el joven Melvin, que se dedica a fregar los suelos, es humillado por unos guaperas y termina cayendo en un barril de residuos tóxicos. El escuálido Melvin se transformará en un hipervitaminado superhombre deforme cuyo instinto le dice cuando se está cometiendo un crimen.

“El Vengador Tóxico” es una afectada y descacharrante comedia de acción que parte de una historia de improbables orígenes superheróicos para convertirse en una desprejuiciada parodia del cine de justicieros urbanos desde un punto de vista entre la ciencia-ficción y el terror (y no tomándose en serio a sí misma en ningún momento). El regusto cutre ‘explotation’ sin complejos se convirtió en el sello de Troma, que aún hoy día sigue sacando al mercado productos repletos de tetas grandes, coeficientes intelectuales ínfimos y casquería al por mayor para disfrutar con un bol de palomitas y mucho estómago. “El Vengador Tóxico” dió lugar a tres secuelas (de las cuales “El Vengador Tóxico IV: Ciudadano Toxie”, 2000, es la que mejor recupera el espíritu provocador de la original), una serie de animación y un musical teatral, además de una colección de cómics para Marvel y un sinfín de ‘merchandising’.

 

– Para los que lo pasan bien con mutilaciones, humor negro y sexo escatológico.

– Imprescindible para los buscadores del cine independiente más underground y guarro.

 

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